lunes, 30 de enero de 2012

El Sumidero o Sima del Campo

El Pozuelo - Cuenca (15 de enero de 2012)
Allá colgado, en mitad del pozo, el silencio era eterno y la espera tensa. Para un aprendiz no es todavía una situación fácil de asimilar. No puedes llegar a creer, aunque confías en creer, que un simple tornillo de escasos centímetros y un sencillo arnés puedan contener tu peso, y menos aún tus miedos. Y es que en estas situaciones se puede llegar a oler algo parecido al miedo, el vértigo a la inmensidad y lo desconocido, esa maravillosa e inquietante sensación.
Nada hacía presagiar la jornada que tenía por delante. Después de unos meses desconectado del mundanal espeleológico, me apunté a una actividad de la que tenía poca idea. De hecho, tuve dudas hasta el último momento de acudir, lo cual provocó un mal dormir y un extra de nerviosismo. Pero finalmente acudí a  la cita con Abismo, y puedo asegurar que no me arrepentí.


Después de un madrugón considerable, conseguimos presentarnos ante la cueva antes del mediodía. En medio del pinar, se abren varias bocas encargadas de recoger la escorrentías de un amplio territorio a la redonda, un autentico sumidero capaz de tragar todo tipo de materiales inertes y orgánicos.
El grupo que acudió a la cita era heterogéneo, estando formado por las nuevas promesas, algunos clásicos, dos reenganchadas y hasta un perro de agua. Formados los tres equipos de cuatro miembros, el asunto era meterse en la cueva por los dos itinerarios posibles que llegaban a la cota -113 m, lugar donde el sifón existente impide el paso a los no buceadores.
Mi grupo, liderado por Javi Rejos , se introdujo en segundo lugar. El primer grupo instalaría el descenso por la zona de escalones, 9 pozos sucesivos de entre 4 y 12 m con varios pasamanos de cierta dificultad técnica. El nuestro afrontaría el descenso por la vía directa que marca el pozo Skat, un conducto vertical de 60 m con una anchura de unos 4-5 m. Antes de llegar a este, hubo momento para disfrutar del comienzo de la cueva, con una curiosa entrada por la boca más estrecha, que rápidamente se abría en una musgosa y amplia galería de entrada rasgada por haces de luz exterior.
Después de unas dudas iniciales para encontrar el acceso al pozo Skat, este fue hallado a la derecha del comienzo de la instalación del itinerario escalonado. Mientras Javi R. instalaba el primer anclaje, la espera era entretenida con prácticas de nudos avaladas por Toño. Y por fin me tocó descender. La oscuridad del abismo sólo era rota por lo reflejos del carburero de Javi, que allá abajo se afanaba en la instalación de los cuatro fraccionamientos de este pozo. Las esperas en cada uno de ellos fueron largas. Era la primera vez que permanecía tanto tiempo colgado de un anclaje. Las sensaciones mezclaban la adrenalina, propia del vértigo, con cierta somnolencia provocada por la quietud, la oscuridad y la belleza de las formas.
Finalmente, descendimos el Skat. Nos esperaba la  “cavidad del zorro”. Así se deberá denominar desde ahora esta repisa previa a los dos últimos pozos de 4 y 9 m. Allí yacía el raposo, caído, quebrado y comido por los gusanos. El olor resultaba nauseabundo. El pensamiento se estremecía pensando en su destino, en su desesperara búsqueda de la luz y la vida.
Y llegamos a la galería final, no sin antes afrontar unos de los pasos complicados, una estrechez al principio del pozo de 4 m, cuya posición heterodoxa a la que obliga no deja indiferentemente a nadie. Aquí, cada uno resolvió como pudo para librar el fraccionamiento.
Al entrar en la galería, coincidimos con el primer grupo que empezaba a acabar su instalación. Mientras bajaba el resto de la expedición, los demás pudimos recorrer la apertura hasta el sifón y empezar a comer las ricas viandas que nuestras sacas traían. Más de una hora después de nuestra entrada, todo el grupo se reencontraba al fondo de la cueva.
Después del intercambio de alimentos, sonrisas y fotos, cada uno de los tres grupos se dispuso a subir por el otro itinerario. A mí me toco el privilegio de ser el primero en encarar los 9 pozos escalonados. Privilegio por salir el primero y también por no llevar saca alguna. Un error estratégico que supuso redoblar esfuerzos a Toño, Isma y Javi R.
La subida por los escalones, fue técnica y entretenida, incluyendo algún paso que había que resolver con habilidad y/o fuerza física. Casi todo el camino permanecí solo. Los pensamientos rondaban los aspectos más insoldables del alma, el sentido de la vida, la fragilidad, el hambre, la grandeza de Gaia…
Después de recorrer torpemente la galería inicial, llegué a la apertura superficial. Las estrellas indicaban el camino hacia el frío exterior. Allí, nos esperaba ropa seca y un caldito. Habían pasado más de 8 horas desde el comienzo de la jornada. Todavía tuvimos que esperar a que el resto de abismeros acabaran el recorrido y desinstalaran.
Dani Fernández