viernes, 23 de noviembre de 2012

Preparación para la travesía Rubicera-Mortero de Astrana



9 noviembre, expedición a Rubicera

Cuando volví, ellos ya no estaban, no oía sus voces y no atisbaba reflejo alguno de sus luces. El ruido del río subterráneo dificultaba la percepción de cualquier sonido de mis compañeros. Apresuré mi paso aguas arriba intentando recuperar la cola del grupo. Pero nada aparecía al fondo de la galería. Esta empezaba a resultarme extraña, pero los hitos presentes me confundían. Una cueva nunca es igual hacia un lado que hacia otro, de ahí que siempre haya que mirar atrás, echar ese vistazo furtivo sobre nuestros pasos. Al fin y al cabo esa era una de las misiones de esta segunda incursión a Rubicera, aprenderse bien el camino, no caer en sus trampas.

martes, 20 de noviembre de 2012

Valsalobre, la guerra toma otra “dimensión”


Segunda parte del relato de Toño Herreras del II Curso de Perfeccionamiento en las prácticas de las simas del bosque de Valsalobre.



Paco Cuesta

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Visitamos el sumidero de Mata Asnos


Mata Asnos, otro interesante sumidero de la serranía (Carrascosa de la Sierra, Cuenca)
6 y 7 de octubre, 2012

 Ripple-marks, un techo sorprendente

Tas la exitosa convocatoria del pasado mes de enero para visitar la Sima del Campo, también conocida como El Sumidero (El Pozuelo, Cuenca), donde nos reunimos una docena de abismeros, me picaba la intención de organizar una a Mata Asnos, todo un clásico entre las cavidades de la zona centro.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Eliminación de los bloques en la Sima de la Cierva

Limpieza de bloques inestables en la Sima de la Cierva (Villanueva de Alcorón, Guadalajara)


A principios del pasado mes de febrero se publicaba en el blog Mundo Subterráneo la noticia de que se habían movido unos bloques en la cabecera del segundo pozo de esta sima, generando una situación muy peligrosa.
La voz de alarma la dio, muy acertadamente, Tomás (Tomahau, del grupo Karst), y poco después estaban en al ajo Ángel (Mortacleto, del Piezo y miembro de la Federación Madrileña) y Pepe (Pepe Serrano, del Viana), siendo este último el que contactó con Abismo para ver si sabíamos algo del asunto.
Rápidamente nos pusimos a estudiar el asunto, contactando con los mejores conocedores de la sima, aquellos que desobstruyeron los pasos y entrada al pozo implicado. La idea era reunir un grupo de interesados en echar una mano e ir a dejar limpio y libre de peligro el paso afectado.
Sin embargo, aunque en Abismo había varios que creían prioritario resolver el tema, por unas causas u otras el plan fue demorándose (cursos, obligaciones, anulaciones de última hora, otras salidas...), alcanzando el verano.
A finales de octubre consultamos a Pepe, Tomás y Ángel a ver si se sabía algo nuevo, pues el tema se alargaba demasiado, había que salir a resolverlo. La única información era de Tomás, que en su momento pasó bajo los bloques, constatando la peligrosidad de la situación.
Esta información nos daba muchas esperanzas de éxito, pues indicaba que el paso no estaba totalmente tapado, y por lo tanto posiblemente "había hueco" para trabajar "cómodamente".
Así que lanzamos una convocatoria, algo precipitada, para acercarnos a la sima el sábado 10 de noviembre, por lo menos a valorar la situación in situ, pero de todas formas armados con un arsenal de equipo desobstructor por si se podía aprovechar y dejar algún trabajo hecho.
Al final, dado que parte del personal de Abismo se subía a Cantabria el mismo fin de semana, sólo quedamos Toño y yo, pero esto no nos detenía. Por haber convocado con poca anticipación, tampoco pudieron apuntarse compañeros de otros grupos, aunque la gente del Viana precisamente estaría trabajando por la zona ese fin de semana.

Sábado 10 de noviembre, partimos hacia La Cierva
A las 08.45 h ya estábamos en el coche con todo el material. Rumbo a las parameras, la niebla nos abraza en los altos de la Alcarria y más tarde en los páramos cercanos a Villanueva, pero al menos no llueve mucho, sólo el típico chirimiri propio de las nubes que nos envolvían.
Pasamos de largo Villanueva de Alcorón y alcanzamos el desvío de la pista que lleva hacia la sima. Ninguno de los dos habíamos ido antes, pero teníamos preparado un “track” en papel, así que pusimos el cuentakilómetros a cero y andando.
El “todoterreno” de Toño se enfrentó muy bien a la pista. El primer tramo ascendente, un poco descompuesto, fue superado sin problemas cuidando de no acertar al cárter con algún bloque. Arriba, el problema fueron los grandes charcos que había en ciertos sitios. Sin embargo, el suelo estaba bastante firme, pedregoso bajo el barro, que no era mucho.
Así, zigzagueando para sortear charcos, cantos y hoyos, alcanzamos la primera paridera, la segunda... y finalmente, a unos 3,5 km, un desvío a la izquierda donde nos detuvimos pensando en buscar la boca. Era el momento de recurrir a la tecnología moderna, y el GPS salió de la mochila indicándonos que la sima estaba más o menos en la dirección de ese ramal izquierdo. Seguimos con el coche, pues lo permitía, con el GPS en modo búsqueda, y resulta que el camino, tras girar bruscamente a la izquierda, se dirige a la entrada, aparcando a pocos metros de ésta.
Llovizna de vez en cuando, pero ya con el mono puesto prácticamente no nos mojamos. Preparamos ahora todo el material para el descenso, empaquetando cuidadosamente los desobstructores y la Hilti entre la cuerda, para evitar que rompan las sacas y además protegerlos de los golpes.
Finalmente, comenzamos la instalación. Vamos cargados con tres sacas (dos de ellas “ligeras” por el hierro que transportan: maza, maceta, puntero, cortafríos, barra de uñas, parabolts, equipo de burilar completo, y cómo no, la Hilti y sus brocas), pero no nos desanimamos. Ya veremos al subir...
Instala Javi: Pasamanos desde la sabina cercana, spit sobre la boca y cabecera con dos parabolt a la derecha. Dos parabolt más unos metros  debajo, para tirar ya directos. Ya cerca del fondo comprueba que ha dejado un rocecillo, vuelta a subir unos 8 metros a buscar el anclaje, que no aparece. Al final optamos por desviar a un spit malato y ahora sí, abajo. Más tarde, en la subida, comprobaríamos que nos saltamos un anclaje bastante por encima, un hermoso parabolt con chapa que no sé como no lo vimos ninguno de los dos. En fin, cosas que pasan.
En el fondo del P.40 nos reunimos los dos. No conocemos la sima, pero con la topo en la mano nos orientamos y tomamos rumbo W alcanzando rápidamente el P.31, que se franquea fácilmente por una repisa en la izquierda, asegurada con un pasamanos en fijo.
Continuamos ahora descendiendo a la izquierda por una galería baja, a modo de laminador inclinado, pero relativamente cómoda. Vamos pasándonos las sacas y de este modo llegamos al punto más bajo de este tramo. Desde allí ahora hay que subir un poco para descender de nuevo atravesando una parte más estrecha.
Se trata de una corta rampa descendente de escasa altura, un laminador inclinado, que fue desobstruido por los primeros exploradores. Impresiona el trabajo que estos debieron llevar a cabo para desobstruir el paso, quitando numerosos bloques y dejando otros colocados a los lados.

Búsqueda y valoración del problema
No sabíamos muy bien donde estaban los bloques a eliminar, pudiendo estar en esta parte de aproximación a la entrada del P.30, o bien en el comienzo vertical del mismo, que es bastante estrecho.
Enseguida vemos que el problema no está en el exterior del pozo. Los bloques que hay allí son estables, de los retirados en las primeras exploraciones.
Al asomarnos a la boca del pozo el problema se hace evidente: Los localizamos unos 2,5 m bajo la entrada a la vertical. La entrada al pozo es más o menos estrecha y redondeada, pero inmediatamente debajo se transforma en una grieta orientada de SE a NW, en principio bastante estrecha. Allí, en su extremo SE, prácticamente bajo la cabecera, hay un tapón de tierra y cascotes y sobre él descansan los dos bloques.
Es evidente que antes estaban más arriba, posiblemente atascados en la parte estrecha sobre el tapón terroso. En algún momento se soltaron y afortunadamente sólo descendieron hasta su ubicación actual, pues de haber entrado en la grieta podrían haberla atascado completamente, dificultando mucho su eliminación.
Para estudiar cómo meterles mano, montamos la cuerda en la cabecera del P.30 y Javi baja hasta el lugar, suficientemente amplio como para maniobrar y trabajar con cierta comodidad. Se podrán soltar mazazos bastante buenos sobre los cantos, aunque no con toda la libertad y potencia deseables.


Estudiando la situación in situ
El bloque superior es menor y está completamente suelto, apoyado sobre el de debajo. Sus dimensiones aproximadas son de 40 x 30 x 20 cm, y se mueve con relativa facilidad, pero elevarlo en brazos por la estrecha entrada al pozo sería muy complicado.
El de debajo es bastante mayor, alargado, permaneciendo apoyado en uno de sus extremos sobre el tapón terroso, e incrustado por el otro en la grieta, en el aire sobre el pozo. Se mueve al tocarlo, y podría tomar el camino del fondo con riesgo de empotrarse debajo bloqueando el descenso. Sus dimensiones están cerca de 70 x 40 x 30 cm, siendo más estrecho en uno de sus extremos.
Finalmente, comprobamos que se apoyan sobre un tapón de tierra y cascotes situado en la parte estrecha de la grieta. Dicho amasijo, además, contiene también otros bloques menores y el conjunto podría ser peligroso, pues de desfondarse generaría una granizada de cascotes, algunos de tamaño importante.

Cara a cara con los bloques
Vista la situación, optamos por aligerar los bloques rompiéndoles fragmentos. Decidimos arrojar pozo abajo aquellos cantos de tamaño menor a un puño, y elevar los mayores que podrían generar algún atasco pozo abajo.
Comenzamos limpiando bien el lugar de tierra y cascotes y moviendo el bloque pequeño para poder atizarle bien. Entonces sale de la saca la pesada maceta de albañil y entra en funcionamiento sobre éste.
A base de golpes estudiados, recolocando la piedra para hacerlos bien efectivos y sujetando para que no se caiga nada grande, logramos ir rompiéndolo y sacándolo a trozos. Los fragmentos van siendo colocados fuera con mucho cuidado, evitando que puedan rodar y caer sobre el que está trabajando. Finalmente queda un resto suficientemente manejable para elevarlo y de este modo el primer bloque queda eliminado.


Toño peleando con uno de los bloques
Ahora le toca al grande. Lo movemos un poco para sacudirle con menos riesgo de que se caiga y empezamos a pegarle. Resulta más duro de pelar que el anterior, y sólo salen pequeñas lajas. Finalmente Javi pasa el relevo a Toño, pues los brazos ya no sujetan bien la maceta y vemos que al final se escapará de las manos.
Baja Toño con nuevos bríos, recoloca un poco el bloque, y otra vez se oyen mazazos fuertes. El bloque “canta” muy bien, es muy duro el condenado.
Tras media hora de darle por aquí y por allá, sacando cascotillos y gravilla menuda del sus aristas, Toño grita de alegría, pues se ha partido un extremo pudiendo retirar una parte bastante grande.
Ahora sigue dándole con ánimo, pero no hay forma, sólo consigue convertirlo en una “bola” sin aristas que va a resultar difícilmente fragmentable sólo a golpes.
Sin embargo, ahora se mueve más fácilmente, y lo recoloca sobre la grieta preparándolo para la siguiente fase. Ha llegado el momento de sacar la Hilti de su saca.
Estudiando el tamaño, llegamos a la conclusión de que ya pasaría bien por el orificio de entrada al pozo, y nos planeamos montar un conjunto de polea-bloqueador e intentar izarlo. Parece factible.
Toño toma la Hilti y taladra la “bola” en la cara más idónea, instalando un parabolt de 10 y roscando en él una gruesa anilla, atando una cuerda vieja a la misma.



Instalando el parabolt y la anilla en el bloque mayor
Toño sale del pozo dejando el bloque en posición adecuada, y pasamos la cuerda por la polea y el basic. Ahora viene la parte difícil, elevar el bulto.
La estrategia es que Javi tira de la cuerda bajo la polea, moviendo y recolocando el bloque para que pase por el estrecho, mientras Toño tira del otro extremo. El bloque comienza a elevarse y a base de tirar y recolocarlo, finalmente logramos que salga del pozo, quedando sobre él a un palmo de la polea.




Ascenso de la "bola" hacia la cabecera
El siguiente paso es quizá el más delicado, pues hay que sostener la piedra en vilo para desbloquear el basic y acto seguido empujarla para que quede apoyada en el bode del pozo. Todo ello, manteniéndonos los dos fuera de su posible trayectoria de caída en caso de que algo falle.



Depositando el bloque fuera del pozo
El bloque es mucho más manejable y finalmente logramos sostenerlo, desbloquear la cuerda y dejarlo con cuidado en el suelo.
Ahora se inicia una nueva fase, pues hay que llevar la “bola” por la rampa ascendente, estrecha e irregular, hasta arrojarla más allá, evitando cualquier posibilidad de que vuelva a caer.
Utilizamos una cinta de carga atada a la argolla o rodeando el bloque, según conviene en cada momento. Toño tira desde fuera y Javi empuja detrás, a modo de escarabajos peloteros.
Arrastrando la "bola" rampa arriba
En el punto más estrecho el condenado bloque se atasca constantemente, pero al final, pasando la cinta alrededor del mismo, logramos que ruede sobre las aristas del suelo y quede por fin fuera del paso. Es el momento de retirar la argolla y arrojarlo más allá, donde quedará como testigo del trabajo realizado. Lo más duro y difícil ha acabado.
Volvemos una vez más hacia el pozo, ahora para portear los fragmentos y pequeños bloques que previamente habíamos ido subido y colocado entorno a la cabecea. Nos llevamos al exterior de la rampa de entrada todo lo que pudiera ofrecer algún peligro, dejando aquellos que están bien sujetos y es imposible que se muevan.
Finalmente, Javi vuelve a bajar al lugar donde estaban los bloques para estudiar el tapón de tierra sobre el que se apoyaban. Tal y como sospechábamos, no resulta demasiado fiable, y menos ahora tras los golpes y pisoteo sufridos. Decidimos limpiar la zona para eliminar cualquier riesgo.


Situación tras la limpieza, a falta de
retirar el tapón de tierra y cascotes
Con la maza vamos moviendo los cascotes mayores, que se suben, y arrojamos pozo abajo los más menudos y la tierra. La idea de limpiar esa parte de sedimentos ha sido muy acertada, pues bajo la tierra, semiocultos, había al menos otros dos bloques de buen tamaño. De hecho tuvimos que romper a golpes uno de ellos, pues era demasiado grande para subirlo sin riesgo.


Esquema de la situación
Finalmente la zona quedó limpia y ya no ofrece riesgos al transitar por allí, aunque siempre conviene ser prudentes y en la bajada comprobarlo, limpiando cualquier canto o resto que pueda quedar por allí.

Retirada y vuelta a casa
Nos retiramos arrastrando otra vez las tres sacas, que parece que ahora pesan algo más, ¿por qué será?. Antes de subir nos paramos en la base del primer pozo para picar algo de comer, viendo desde abajo la tenue luz de la tarde que todavía entra en la boca, 40 m sobre nosotros.
Para subir las sacas, decidimos anclarlas a la cuerda e izarlas desde arriba con la polea y el bloqueador, pues parece que el pozo no ofrece irregularidades que puedan engancharlas. No obstante, Toño se sube con una de las tres, encargándose de desmontar el desviador y los anclajes previos a la cabecera externa.
Ya arriba entre los dos ponemos en marcha el asunto y en un rato tenemos las sacas en cabecera. Poco después estamos en el coche recogiendo todo, y aunque comienza a llover con fuerza, estamos satisfechos del trabajo acabado.
Hacia las 18:00 h salimos ya hacia la pista, intentando alcanzar la carretera antes de que la noche se cierre más, pues recordamos los baches, charcos y pedrolos varios.
Habíamos pensado hacer una visita a los compañeros del Viana, que nos consta están en el refugio de la sima, pero vamos un poco apurados y por decidimos no entretenernos. Otra vez será.
Finalmente, habiendo tomado un cafecito caliente en Cifuentes y superados los chubascos que nos cayeron volviendo, alcanzamos Guadalajara hacia 21:00 h, devolviendo el material al local y separándonos hasta la próxima aventura. Misión cumplida.

Un detalle importante
El lugar donde estaban los bloques está limpio, pero es importante tener en cuenta que el volumen de cascotes menores arrojados pozo abajo ha sido grande.
Por ello, es posible que hayan quedado piedras en repisas u oquedades del pozo, las cuales suponen siempre un gran peligro.
Por ello, recomendamos encarecidamente a los próximos visitanes que extremen las precauciones en el descenso de los pozos y limpien la vía de descenso de todo resto que pueda suponer peligro. En ese sentido, las próximas visitas pueden ofrecer el mismo riesgo que la exploración de una nueva sima.
Toño Herreras y Javier Rejos