Participantes: Toño Herreras, Rafa Coronado, Juan Manuel López, Miguel A. Diego, Jesús Guinea Alberto Campanero e Israel.
Tras un auténtico tira y afloja
con Toño durante los dos fines de semana anteriores, por fin conseguimos
cuadrar una salida a Cantabria. Tenemos muchos proyectos pendientes, pero al
disponer de menos tiempo para preparar algo de mayor envergadura, decidimos
organizar una visita a Torca la Sima.
Son muchas las ocasiones en las
que hemos recorrido el Sistema de la Gándara, explorando sus inmensas galerías
e incluso descubriendo algunos rincones que ni siquiera aparecen reflejados en
la topografía. ¿Serán zonas que dejaron sin topografiar deliberadamente por el
valor de algunas de sus formaciones? Quién sabe...
Con la idea ya en la cabeza
comenzamos a estudiar la cavidad y preparar la actividad. Poco a poco el grupo
fue creciendo hasta reunir a siete participantes: Jesús Guinea, Miguel A.
Diego, Israel, Alberto Campanero, Juanma López, Toño Herreras y yo, Rafa Coronado.
La espectacular boca de Torca la
Sima se abre en la loma de Peña Becerral, a unos 950 metros de altitud. Su
impresionante pozo de entrada, con aproximadamente 155 metros de caída libre,
es una de esas verticales que no dejan indiferente a nadie.
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| Pozo de 155m desde la 2º Cabecera |
El diámetro del pozo se mantiene
prácticamente constante durante la primera mitad del descenso, ensanchándose
progresivamente hasta convertirse en el techo de la impresionante Sala de los
Espejos.
Las cabeceras, equipadas con
anclajes químicos y cadenas, se encuentran en perfecto estado de conservación. Conviene,
eso sí, prestar especial atención a la longitud de las cuerdas, ya que existe
un rápel de aproximadamente 53 metros. Nosotros resolvimos la instalación sin
ningún problema utilizando cuerdas de 60 metros más un cordino.
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| Apretados en las Cabeceras del P155 |
La Sala de los Espejos continúa
siendo uno de los rincones más espectaculares de la Travesía. Los escalones
invertidos y el extraordinario pulido de las paredes que conforman la falla
ofrecen un espectáculo geológico difícil de olvidar.
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| Sala de los Espejos (Base del P155) |
Desde este punto únicamente hay
que seguir la dirección de la falla, superando varios resaltes y pequeñas
trepadas, algunas de ellas equipadas con cuerda fija, hasta alcanzar el pozo de
65 metros.
Este se divide en dos verticales
consecutivas: una primera de unos 17 metros, accesible mediante un pasamanos
fijo, y una segunda de unos 44 metros que se desciende en dos rápeles.
La roca en este sector se
encuentra algo descompuesta, por lo que es importante extremar la precaución
para evitar la caída de piedras sobre los compañeros. Además, por esta zona
discurre un pequeño aporte de agua que termina sumiéndose en el siguiente
pocete, de unos 10 metros de profundidad. En este punto existe una cuerda fija
que agiliza la progresión evitando así mojarte.
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| Recuperando la cuerda en la Base del P.65 |
Pocos metros después aparece un
paso entre bloques algo estrecho e incómodo para los más corpulentos, aunque se
supera sin excesiva dificultad. No puede considerarse un paso selectivo, ya
que, en caso necesario, es posible instalar una cuerda por la parte superior de
los bloques y evitar completamente el estrechamiento.
A partir de aquí el meandro
cambia completamente de aspecto y nos recuerda que estamos en Gándara. Las
paredes adquieren ese característico tono claro y amarillento, con ese aspecto
arenoso tan propio del sistema.
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| Meandro de Acceso al Sistema del Gándara |
En un pequeño cruce debemos
ascender por el meandro de la izquierda. Una cuerda fija facilita la subida
para, pocos metros más adelante, volver a descender hasta conectar con la
gatera que da acceso al mítico Pozo de 40, puerta de entrada a la Sala del Ángel.
Cómo ha cambiado esta zona con el
paso de los años... Nuevas instalaciones, un pasamanos aéreo y diferentes
mejoras en el equipamiento hacen mucho más cómoda la progresión. Aun así,
todavía puede verse por debajo el pequeño pasamanos equipado con spits que
tantos de nosotros hemos instalado y recorrido en innumerables ocasiones.
La Sala del Ángel es,
sencillamente, un espectáculo. Nunca defrauda.
El Sistema de la Gándara está
repleto de rincones increíbles y siempre ofrece algo que sorprende, pero en
esta ocasión emprendemos el camino de regreso con la idea de salir
relativamente pronto de la cavidad.
Las galerías hasta El Delator son
muy cómodas y permiten recorrer cientos de metros casi sin darse cuenta. Siguen
conservando muchos detalles interesantes, aunque el intenso tránsito de
visitantes ha dejado huella y algunas zonas presentan un deterioro evidente.
Tras superar El Delator
aprovechamos para visitar algunos rincones de la gran galería principal antes
de dirigirnos al pasamanos del Pozo del Oso. Desde allí únicamente queda
superar una pequeña rampa ascendente para alcanzar la salida.
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| Jesus G. En el Pasamanos del Oso |
Al llegar al exterior, alguno de
nosotros no pudo evitar sorprenderse por el tamaño de la boca de la cueva.
Hacía muchos años que algunos no visitábamos Gándara y todos recordábamos una
pequeña salida entre bloques... Ahora casi podría entrar un todoterreno. Jaja.
Ya fuera de la cavidad, un corto
tramo de sendero nos devuelve a la carretera, donde habíamos dejado el segundo
vehículo.
Una actividad muy entretenida, en
la que, como siempre, no faltaron las risas, el buen ambiente entre compañeros y esas
conversaciones que terminan alargándose hasta altas horas de la madrugada.
¡Gracias a todos!