miércoles, 14 de noviembre de 2012

Visitamos el sumidero de Mata Asnos


Mata Asnos, otro interesante sumidero de la serranía (Carrascosa de la Sierra, Cuenca)
6 y 7 de octubre, 2012

 Ripple-marks, un techo sorprendente

Tas la exitosa convocatoria del pasado mes de enero para visitar la Sima del Campo, también conocida como El Sumidero (El Pozuelo, Cuenca), donde nos reunimos una docena de abismeros, me picaba la intención de organizar una a Mata Asnos, todo un clásico entre las cavidades de la zona centro.
Acabado el verano y tras el curso interno de perfeccionamiento, era el momento ideal para que los nuevos instaladores se lucieran, y ya de paso que nos pasearan a los viejos.
Así que lancé la convocatoria y no cayó en saco roto, aunque Mata Asnos suele ir acompañado de una cierta “mala fama”. Esto es porque, aunque sus verticales son modestas, resulta bastante exigente físicamente debido al meandro que las separa. No obstante, creo que todos los que la visitan quedan satisfechos de la visita, y algunos también hartos.
A mi humilde entender es una buena cavidad para adquirir forma y experiencia, y esto es lo que transmitimos a los que tenían algún recelo o temor. Si desearían volver o no, ya se vería.
 Al final, seis fuimos los que acudimos a la cita: Ismael, Rebeca, Toño, Manuel, Jesús Canfranc y Javi. Partimos de Guadalajara, con todo el equipo, a las 08.30. Avanzamos hacia la Hoz de Beteta, parando en Priego para comprar pan y tomar algo caliente. Ya en la hoz, hacemos alguna parada más para contemplar la entrada a la Cueva de la Ramera o de Don Quijote, junto a la Fuente de los Tilos. Los que no conocían estos parajes quedaron gratamente sorprendidos por su espectacularidad.
Nos acercamos a Carrascosa a por agua y rápidamente nos dirigimos a nuestro destino. La pista principal se transita bien con los turismos, pero la que se desvía rumbo a la boca está peor y a medio camino dejamos uno de los coches. Con el otro bajamos hasta aparcar sobre la entrada.
Allí preparamos todo y bajamos al lecho del barranco que se desfonda en la boca. Comenzamos la instalación, los pasamanos de aproximación, hacia las 11:45.
A punto de comenzar la instalación

Comienza instalando Manuel, seguido por Rebeca. Instalan poco a poco el clásico pasamanos que nos guía a la vertical sobre la marmita, lejos del curso del agua cuando la sima carga.

Preparando la aproximación
Iniciando el pasamanos de acceso
Al rato la vía está libre y comenzamos a bajar, yo el último, fotografiando a unos y otros desde la entrada.
Rebeca esperando su turno en el pasamanos

Ahí va Ismael, casi siempre sonriente

Rebeca ya en el descenso...

e Ismael a punto

El turno de Toño...

... y bajando

Jesús ya en el aire

Hacia las 14:00 h estamos todos entrando al meandro, atravesando el Paso de los Troncos. Desde aquí, vamos avanzando con calma, pues no tenemos prisa, ayudándonos con las sacas en los pasos más comprometidos, e intentando no acabar chapoteando en alguna marmita, lo cual no es difícil (alguna experiencia pretérita tenemos... eso sí, al menos pude comprobar que la luz eléctrica funciona bajo el agua).

Progresando por el meandro, cada uno como puede...

De repente, Jesús encuentra un hermoso sapo común. Lo veo, y comento que es una hembra... cómo no, todos preguntándome cómo sé que es “común” y encima, “hembra”. En fin, explicaciones herpetológicas: Las hembras son mucho más grandes (te llena la mano cuando la coges), los sapos retratados recientemente en Tamajón eran machos (caben de sobra en la palma de la mano)... y el que sea la especie “común”, bueno, pues pocos ojos son tan hermosos como los de esta especie de sapo, con su pupila horizontal de color anaranjado.
En fin, con la broma Jesús decide darle nombre: “Vicenta”. Lo deja con cuidado en un rincón prometiéndose rescatarlo a la vuelta, y continuamos.
Alcanzamos las primeras cuerdas instaladas en fijo, sirven para cambiar de nivel en ciertos pasos comprometidos, y también para salvar algún tramo donde la anchura del meandro no permite la oposición sobre las marmitas.
Precisamente en el último pasamanos sobre el agua, una de las chapas se mueve y, al estar la cuerda directamente anudada a la chapa, casi ha segado el nudo. Aunque al volver Toño fijó la chapa, antes o después la cuerda partirá y algún visitante se dará el correspondiente baño.
Desde aquí el meandro comienza a desfondarse, aparecen los primeros resaltes que exigen instalar la cuerda, aunque alguno está en fijo, si no recuerdo mal.
Poco más adelante encontramos el último pozo, el hermoso P.20 cuyo descenso se inicia entre enormes coladas brillantes. Nos reunimos al final del meandro para preparar su instalación, contemplando las formaciones que hay en esta parte.


 
En el final del meandro, ante el último pozo

De su instalación se encarga Rebeca, monta el pasamanos de aproximación hasta la cabecera y comienza el descenso.

Instalando el último pozo
Toño en la aproximación a la cabecera
  
Jesús iniciando el descenso
  
En al pasamanos, Ismael

Comienzo del pozo, entre grandes coladas colgantes

Ya todos abajo, nos dirigimos hacia las Galerías Fósiles con intención de descansar un poco mientras comemos, haciéndonos las fotos de rigor. Son las 17:45 horas, llevamos ya casi seis horas bajo tierra.

Reponiendo fuerzas en las galerías fósiles

Después evaluamos las posibilidades. Toño, Rebeca e Ismael han de volver a casa esta misma noche, y viendo la hora que es, deciden deshacer el camino rumbo a la salida. Jesús, Manuel y Javi pretenden hacer noche en el campo, por lo que no hay prisa.
Así, nos despedimos y nos separamos. Nosotros continuamos avanzando por las Galerías del Sifón, que es por donde va el curso del agua.
La galerías a partir de aquí cambian radicalmente, pues son bastante amplias, aunque no muy altas y en ciertos lugares constituyen laminadores, aunque no muy incómodos. Lo único que fastidia un poco es que hay que avanzar subiendo y bajando constantemente entre bloques y arenales.
Tan sólo hay una pequeña parte más o menos parecida al meandro, el Meandro de la Espuma, donde progresamos por la parte alta a considerable altura del curso de agua, bajo nuestros pies. Luego vuelve a tomar la forma anterior.
De repente, al pasar bajo un techo bajo vemos algo muy llamativo: El techo está cubierto de ripple-marks, marcas de oleaje fosilizadas.


Un techo sorprendente

En efecto, se trata de un fino estrato separando otras capas más gruesas, una película de sedimento esculpida por las ondulaciones del agua, cuyas formas quedaron protegidas hasta aflorar ahora al desprenderse las láminas de roca del techo. No debemos pensar que son marcas del agua que discurre por la sima, sino la imagen de una playa o lecho marino de hace unos 80 millones de años, durante el Cretácico.
Es curioso que, habiendo pasado otras veces por aquí, nunca nos hayamos percatado de su existencia, y es una lástima que en muchos sitios las marcas del humo del carburo empañan la belleza de un techo tan singular.
A las 18.30 llegamos a Los Gours, Manuel y Jesús se sorprenden gratamente, pues es una sorpresa en la galería, en general caótica y áspera, con escasos espeleotemas.



Un enclave de gran belleza nos sorprende

Continuamos reptando a través de un estrecho paso entre el techo y los gours, alguno tenemos que soltar el aire para pasar, pero no agobia.
Continuamos un poco más, y el agua va cubriendo el suelo de la galería, nos estamos acercando al Sifón. Continuar exigiría progresar por el agua, calándonos, por lo que decidimos volvernos desde aquí, son las 19:00 h.

Ya muy cerca del sifón, casi al final de la cueva

Vamos retrocediendo con tranquilidad, haciendo alguna fotografía curiosa, por ejemplo a los micelios fúngicos (hongos) que cubren profusamente los restos vegetales que ha arrastrado el agua. La vida aprovecha cualquier recurso disponible.

Filamentos fúngicos colonizando los restos vegetales

Alcanzamos la base del último pozo, recogemos lo que habíamos dejado allí y comenzamos el ascenso. Ahora le toca desinstalar a Jesús. Un poco antes de las 21:00 hemos subido los primeros pozos y estamos en la parte de Las Marmitas, pasando los últimos pasamanos. Sorprenden algunas formas de erosión, coladas y banderas, por su hermosura.


Coladas y estrechas banderas adornan algunas paredes

Sorprendentemente Jesús se acuerda de recoger a “Vicenta” y la introduce en una de las sacas, sobre un colchón de cuerda. Desde ese momento avanzamos con más cuidado, porteando la saca y su viajera con delicadeza.
Vicenta en la saca....

A las 22.45 estamos saliendo hacia el primer pozo por el Paso de los Troncos y pronto comenzamos el ascenso. Sigue desmontando Jesús, con “Vicenta” en la saca.
Paso de Los Troncos, y con Vicenta en la saca...

Descansando antes de subir...

... y ya en faena.

Terminando la desinstalación del pasamanos nos alcanza la madrugada, ya es domingo, son las 24.00 h, hemos estado 12 horas en la sima, y muy a gusto.

Jesús comenzando a desinstalar el  pasamanos...

... y acabando el trabajo.

Una media hora después estamos en el coche cambiándonos, y poco después partimos con la idea de dormir en alguno de los refugios de Villanueva, ya en Guadalajara.
Salimos a la carretera de la Hoz de Beteta y tomamos rumbo a Cueva de Hierro y luego hacia Peñalén. Finalmente alcanzamos el refugio de la Sima de Alcorón a las 02.00 h, pero hay gente durmiendo allí y, aunque podíamos quedarnos en la segunda estancia, inevitablemente les molestaríamos. Así, nos vamos al refugio del cruce de Zaorejas, que está libre.
Allí, para acabar la jornada, hacemos un pequeño fuego. Con la luz de unas velas y el calorcillo del fuego cenamos algo, preparamos los sacos y nos acostamos. Ha sido un día muy completo.


Javier Rejos

1 comentario:

  1. Bueno colegas, dura actividad. Es lo que recuerdo de esta cavidad cuando estuve allí a principios de los años noventa. El meandro aunque muy divertido, muy difícil de recorrer, estas todo el rato haciendo oposición para no darte un baño de agua fresquita.
    En los encuentros regionales de 1993, que organizamos entre Animus Terra (grupo ya desaparecido), Seguntino y Abismo, se produjo un, llamemoslo incidente, en el que a causa de la entrada de agua por la boca, un espeleólogo sufrió un golpe en el codo, teniéndolo que escayolar y sacarlo de la cavidad.
    Atentos a la meteorología si vais a realizar esta cueva.
    PacoQ

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