miércoles, 26 de febrero de 2014

SIMA DIANA

Visita a la sima DIANA, 11 de enero de 2014

Teníamos mucha curiosidad por conocer esta sima que, sin ser muy grande, ofrece el interés de conectar espacios amplios por pasadizos horizontales y pozos.

Compañeros habían intentado visitarla previamente, sin éxito por problemas con la instalación, por lo que consultamos sobre el asunto a los colegas del Club Viana, que conocen muy bien la cavidad, y a los que hemos de agradecer su amable ayuda proporcionándonos valiosa información y consejo.
Toño bajando el P-26
Marta, Toño y yo salimos de Guadalajara antes de las 9 de la mañana rumbo a Villanueva de Alcorón. Tomamos rumbo a Cuenca, haciendo una parada en Sacedón para comprar pan. En Alcocer nos desviamos ya rumbo a Peralveche y luego Villanueva, donde llegamos hacia las 10.30 h, y por fortuna no había montería.
Arturo, que viene de su pueblo en Valencia, ha quedado allí con nosotros. Todavía no está, así que a tomarnos un café a La Pilarica. Llega poco después y ya nos vamos hacia el refugio de la Zapatilla para echar un vistazo y comprobar si ya hay gente, pues pretendemos pasar allí la próxima noche. No hay nadie, aunque podrían llegar mientras estemos en la sima. Tampoco hay leña, habrá que traerla cuando salgamos.
Alcanzamos el punto de aparcamiento, avanzando por la pista que nos acerca hacia la zona donde están Manuel Mozo, La Raja, etc., más o menos a un km. Tras ponernos traje y bisutería, nos dirigimos hacia la sima, que realmente está muy cerquita. Previendo que salgamos de noche, por si nos entretenemos mucho, nos llevamos el GPS para volver al coche sin problemas, que ya sabemos cómo son estos terrenos cuando ya no hay luz…
La sima se abre entre unos bloques, existiendo dos pequeños orificios que dan paso a una rampa. En ambos casos el pozo es de algo más de 4 m. Instalo yo, anclando a un árbol cercano a la primera boca. En la boca se monta una cabecera en “Y” y a la rampa, que es verdaderamente resbaladiza. Justo abajo opto por instalar uno de los tacos a la izquierda, bajo la segunda entrada, para descender ya por la rampa hacia la cabecera del P-14.
Empezamos bien, pues dejo corta la coca bajo el pozo (será por los resbalones) y Toño no tiene más remedio que corregirla. Mientras tanto estoy en faena en la cabecera del P-14. Esta cabecera es mala, hay tres o cuatro tacos sobre la vertical, pero sólo uno se salva, los demás están embudados, medio fuera, incluso hay uno que me parece que se movía… La causa es la calidad de la roca, pues cuando se limpia la capilla de colada que la cubre lo que aflora es una caliza arenosa que malamente acepta los tacos. Afortunadamente encima de la vertical hay uno bastante bueno, aunque desde el mismo habrá roce. Sin embargo, recurriendo a una chapa AS con dyneema se resuelve y podemos montar una cabecera en “Y” utilizando el “bueno” de abajo y el de arriba.
Comienzo a bajar y… ¡sorpresa!, la cuerda se acaba a mitad del pozo. Me fié de que alcanzaría fondo con la cuerda de 36 m que estaba utilizando, pero está claro que no. Para la próxima vez, usando una de 45 o 50 se llegará sin problemas, incluso montando nueva cabecera en el comienzo de la rampa y dejando así una coca bien hermosa que facilite las maniobras. Tomo nota mental.
Me asalta la tentación de anudar las cuerdas y abajo, pero no es plan pudiendo comenzar en la cabecera evitando así sufrimientos y posibles problemas a los menos experimentados. Para arriba otra vez y vuelta a montar el tinglado.



Por fin alcanzamos a la base del P-14, donde caigo en la cuenta de que la cuerda de 45 m es imposible que alcance el fondo del P-26 de más allá… comienzo a pensar que tengo tan oxidado el cerebro como las articulaciones, pues no me di cuenta de que era imposible con 40 m llegar al fondo desde el P-14… debe faltar una cuerda en la ficha técnica consultada o algo así, es evidente, pero ni me lo planteé, ya me vale…
Esto pudo suponer no hacer fondo, pero afortunadamente llevamos otra cuerda de 40, pues la intención era instalar los dos pozos que dan a la sala grande del fondo para bajar por los dos sitios… bueno, por lo menos podemos seguir.
Con la cuerda tiramos de pasamanos hasta el resalte de 5, que se puede superar por la derecha bajando por un lado de un gran bloque y alcanzando así la cabecera del P-26. Como llevamos la cuerda desde arriba, montamos cabecera sobre el resalte y otra en el pozo, donde ya cosemos la instalación con la tercera cuerda.
Todo este tramo que da paso a los dos pozos grandes es una diaclasa amplia y alta, con enormes bloques sobre los que progresamos, y en la que existen numerosos tacos en las paredes.
El descenso del P-26 es muy interesante, pues a mitad de camino la pared a nuestra espalda desparece dando paso al techo de una sala de dimensiones bastante amplias, en cuyo fondo nos reunimos todos.


Todos en la sala bajo el P-26
En esta parte hay algunas formaciones curiosas, unas pocas estalagmitas de blanco níveo y algunas coladas muy hermosas, de color amarillento. También, en el suelo, donde existen goteos, se han formado concreciones muy singulares, como “patitas de elefante”, con las que debemos ser cuidadosos y no pisarlas.



Aquí sacamos la comida y reponemos fuerzas, aprovechando para hacer algunas fotos de la sala y sus cosillas.


"Patitas de elefante"...

... y otras cositas parecidas, en el suelo
Más tarde decidimos continuar y ver cómo está la instalación para alcanzar la siguiente sala y el fondo de la cavidad. El acceso es relativamente cómodo, una grieta desfondada por la que hay que progresar con cuidado de no caer, pero que no ofrece gran riesgo pues no es ancha. Rápidamente llegamos a la ventana que da paso al P.7, realmente un resalte, y comenzamos a estudiar la instalación más adecuada.



Algunas coladas amarillas muy hermosas
Tras la ventana se puede estar en pie en una repisa, y el sitio ideal para una instalación está sobre ella… pero de nuevo encontramos una calidad de roca peor que mala, vamos, como en nuestra zona de Tamajón, donde hay sitios en los que el burilador se clava en la roca sin necesidad de girarlo… no digo más. Tanteamos la dureza de lo que parecen los mejores estratos, pero es inútil. Está claro que otros ya los han valorado, tanto que está toda la “roca” tocada y retocada, picoteada a la busca de algo firme donde instalar un taco de expansión, pero no ha habido forma…
Buscamos el spit que figura en la ficha técnica, y allí está, en el interior de la ventana, posiblemente en el único sitio con roca más decente. Aunque la cuerda rozará inevitablemente, pues el anclaje está dentro de la gatera, es la única opción medianamente decente.
Montamos allí una chapa y reaseguramos doblemente, de un lado a un natural unos metros antes del taco (estalagmitas, en apariencia firmes), y además en la salida de la ventana pasamos una cinta rodeando un bloque empotrado encima, y enlazamos todo de manera que las cargas se repartan adecuadamente.
El bloque no parece demasiado seguro, hay que vigilarlo porque si se soltara vendría sobre nosotros. Así, comienzo a bajar sin perder ojo sobre el anclaje, y colocando dos antirroces para minimizar los daños a la cuerda, aunque la roca es tan blanda que difícilmente la deterioraría gravemente…
De este modo terminamos bajando todos a la última sala, por aquello de llegar al fondo, aunque no merece demasiado la pena, pues sólo hay un caos de bloques en rampa, y en cambio el descenso ofrece cierto riesgo por lo comentado.


Arturo y Marta en la sala
Descendemos entre los bloques del fondo unos metros más, culebreando por pasos algo angostos, hasta alcanzar lo que parece ser ya el final de la cavidad según la topografía, a unos 68 m de profundidad.
Satisfechos ya volvemos a subir a la gatera y alcanzamos la sala grande, tras desinstalar el último pozo. Es hora de volver a la superficie y así lo hacemos. Sube en último lugar Toño, desinstalando.
Alcanzamos la cabecera del P-26. Arturo y Marta se adelantan mientras Toño y yo vamos por detrás. Hubiéramos querido entretenernos en la estrecha galería que se continúa bajo el P-14, pues nos han dicho que merece la pena por sus bellas formaciones, pero por circunstancias es necesario salir deprisa, por lo que tendrá que esperar a la próxima ocasión…


¿Cómo se puede salir tan limpio y brillante...?
Arturo y Marta ya están fuera, yo comienzo a subir por la maldita rampa embarrada que conecta el pozo de entrada con el P-14, y cómo no, creo que dejé la marca de mis dientes en el barro (menudo barrigazo…). Por fin doy el libre a Toño, que sube rápido detrás de mí.



Finalizando la desinstalación de la sima
Finalmente estamos todos fuera, con las últimas luces del día, sin más percances y contentos de haber echado un rato en esta sima, que aunque no es muy grande, merece la pena por la conexión de verticales por tramos horizontales, y la posibilidad de acceder a la sala grande por dos pozos distintos, aunque el del final tendrá que esperar a una futura ocasión.
Javier Rejos