Recortando flecos pendientes
Salimos en solitario aprovechando la
posibilidad de acercarnos a la zona y así continuar revisando trocitos sueltos ciertos
sectores, de modo que lo que reste sean partes coherentes y bien delimitada.
El objetivo principal era dejar
acabado el sector E, del que faltaba sólo un trocito (unas 5,8 ha) en la parte
de El Puntal (subsector Puntal Cerro Oeste).
Localizamos, eso sí, una posible
entrada cuidadosamente cubierta con piedras. Se aprecia bien que fue tapada. No
resulta evidente, un estrecho paso que fue en el pasado cuidadosamente
tapado con piedras y bloques. Debajo parece que se abre un hueco, pero cómo no,
exige desobstrucción laboriosa.
Tras acabar esta parte, nos dirigimos
al sector C, subsector Camarera Sur para rematar alguna parte con límites no
precisos y así no dejar partes sueltas dispersas.
Se completó una cuadrícula de 200 x
200 m, entrando en alguna parte más, que está a caballo entre los sectores C y
F, con un total estimado de 4,85 ha.
Existen frecuentes indicios de
karstificación (grietas, hundimientos, depresiones, etc.), pero todo colmatado
y sin acceso. La densidad del matorral por allí (enebros) dificulta bastante
la prospección, que debe llevarse a cabo despacio e intentando revisar cada
recoveco entre los arbustos y pinchos en los que se van quedando restos de la
ropa y, a veces, también de la piel. Los agracejos son incómodos de narices
En el extremo noroeste de la
cuadrícula nos acercamos al borde del desnivel que discurre paralelo al camino
que viene del campo de aviación de Zaorejas hacia la Fuente de la Gitana. Se
descuelga con fuerte pendiente, con un desnivel bien apreciable e incluso
parece que hay escarpes rocosos verticales, aunque desde arriba no se aprecia
bien.
No se localizó ninguna cavidad ni
posible entrada en el área prospectada.
Finalmente, acudimos al sector A, ya en el término de Peñalén, para avanzar con lo que falta de prospectar en el subsector Alto Navazo, ya muy avanzado.
Se recorrió aquí un fragmento en el
extremo occidental del trocito que resta de ese subsector, completando 6,36 ha.
Tan sólo localizamos alguna pequeña torca, que fue anotada, y algunos indicios
y vaguadas típicas que sugieren carstificación bajo la superficie, pero ninguna
nueva cavidad ni posibilidad.
Cueva del Alto Navazo
IV (hundimiento con escasa continuidad)
Aprovechando el lugar, nos dirigimos a
la cavidad denominada Alto Navazo IV, ya explorada y que consiste en una toca
por hundimiento de un hueco subterráneo, con una exigua continuidad bajo la
cornisa rocosa. Podría desecharse como cavidad, pero que por situase en un área
con algunas otras cavidades ya conocidas, y por su aspecto y dimensiones, fue
catalogada como nueva cavidad y ahora completamos su documentación.
Se procedió a la toma de datos para
levantar la topografía, acabando los trabajos y dejando finalizado lo pendiente
para esta humilde cavidad o hundimiento.
Se trata de un hundimiento de paredes
más o menos verticales salvo en su extremo norte, donde se desciende en una
suave rampa hasta el final.
Es continuidad de una vaguada relacionada con otras cavidades cercanas y ya catalogables como verdaderas simas, aunque todas de escasas dimensiones (Alto Navazo I, II y III).
Como decimos, se desciende por la
rampa hasta una cota máxima de -3,8 m, más o menos hacia el fondo, y sin
situarse bajo techo alguno. La distancia desde la rampa al fondo es de unos 12
m, y allí la cornisa rocosa se prolonga 1,5 m en una grieta (rumbo sur),
impenetrable pero apreciable en superficie en el borde de la torca. La anchura
del hundimiento (escarpe vertical) oscila entre 4 y 5 m, y los bordes de la
depresión más o menos entre 6 y 7 m.
Abajo, a la derecha (al este del
extremo final del hundimiento), se abre bajo la cornisa, una oquedad que
penetra bajo la roca como 1,5 m, con techo a menos de 1 m, y obstruyéndose
completamente enseguida. Es lo único que queda bajo techo de toda esta cavidad
o más bien hundimiento.
Quiero destacar que el fondo está
poblado de zarzas lo cual hace difícil acercarse al fondo, debiendo hacerlo
pegados a los bordes rocosos y aun así inevitablemente quedaremos enganchados a
las espinas en más de una ocasión.
Javi Rejos
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