jueves, 15 de marzo de 2012

Cueva de los Enebrales

11 de marzo de 2012
Isma, Manu, Toño, su amigo César, Paco, Javi y Jesús.
El Domingo por la mañana. Nos dirigimos a “Los Enebrales”, en Tamajón. A juzgar por el nutrido grupo, bien podría ser de romería a la conocida ermita que lleva este nombre; pero no, vamos a la cueva de los Enebrales, con la intención de pasar un buen día espeleológico, que así fue.
Sala Enebrales
Esta cavidad oculta hasta hace dos décadas, se abre al exterior por un hundimiento producto de las lluvias del 93, y es por donde nos permite acceder a sus entrañas. Cuenta con un desarrollo de 465 metros y -29 metros de desnivel. Se halla próxima al núcleo urbano de Tamajón, y un poco retirada de nuestra histórica zona de trabajo, no por ello exenta de ese barro tan habitual, tan pringoso, tan divertido para alguno, tan maldecido por la mayoría y tan odiado por todos el lunes de después.
Dicha cavidad es una desconocida para todos nosotros, excepto para Paco, que la visitó hace tiempo y con el que nos hemos citado en el pueblo.
Después de la habitual visita a la panadería nos encaminamos hacia la cavidad. Durante los preparativos, recibimos la visita de Nacho, que va de paso, y de inmediato nos ponemos manos a la obra.
Con ayuda de una escala descendemos el angosto pozo de entrada, que nos deposita 6 metros más abajo sobre una pronunciada rampa. Al final de un corto meandro destrepamos a un nivel inferior, recubierto de la famosa arcilla. Continuamos por una gatera colgada a dos metros del suelo. A la salida, una nueva dificultad, en forma de angosta y resbaladiza rampa ascendente, nos lleva a la parte superior de un alto y estrecho meandro paralelo y en sentido opuesto al anterior. Para evitar riesgos, descendemos a su base, ya que debido a lo resbaladizo de sus paredes se hace peligrosa la oposición. En el transcurso de esta maniobra, tuvimos un pequeño susto que afortunadamente se quedó en eso, al sufrir César una aparatosa caída desde media altura. Poco más allá, Javi instala un pasamanos de unos 10 metros, alcanzando de este modo la sala de los Enebrales, coqueta sala repleta de delicadas formaciones. Después de algunas fotos, de vuelta para la calle.
Pensando en una próxima visita a “Gorgocil”, por la tarde damos un paseo desde el cercano pueblo de Muriel hasta el embalse de Beleña, comprobando que el nivel de sus aguas deja al descubierto la entrada de esta bonita cueva.
Nos vemos en Gorgocil.
Jesús Foguer