miércoles, 24 de abril de 2013

Triatlón de Montaña en Benasque

Después del experimento de mi primer triatlón (SERTRI, octubre ’12) estaba con la mosca detrás de la oreja de hacer de hacer un triatlón de montaña que tuviera una parte de esquí de travesía. Inicialmente, lo único que encontré fueron triatlones con esquí nórdico, especialidad de la que no tengo ni idea, aunque me lo llegué a pensar. Así fue hasta que me llegó la noticia del TRI-NEU de Benasque, que se celebraría en una fecha muy especial. Esto fue por marzo, por lo que teniendo en cuenta lesiones recientes, me hizo pensar que igual era un poco locura siquiera planteárselo. Con la idea todavía en la cabeza, empecé a entrenar específicamente. A una semana vista me apuntaría si llegaba a tiempo de estar en un estado aceptable. Parece que así fue.


Así que, osado de mí, me dirigí en un largo viaje hasta este enclave de los Pirineos. La nieve todavía muy presente en las montañas, y las predicciones de tiempo, hacían prever una jornada ideal para este reto.
EL día anterior, los organizadores (Club Peña Guara) entregaban dorsales y buenos obsequios (butifarra inluida), y organizaban la reunión técnica para explicar a los participantes la prueba. Allí pude observar que los presentes tenían pinta de máquinas de este tipo de pruebas.

Como es habitual, la noche transcurrió de forma inquieta pensando en los detalles de la prueba (¿tengo todo el material listo? ¿Cuál es la mejor estrategia? ¿Como mucho o poco en el desayuno? ¿Qué ropa me pongo?, etc.). A las 6.30 sonó el despertador y nos dispusimos a comer con tiempo suficiente. Sobre las 9.00 estábamos en la salida listos para entregar el material a la organización y empezar a calentar un poco en la fría mañana benasquesa.

Tramo BTT (13 km, 450 m desnivel positivo)
La prueba empezaba con el recorrido en BTT. Aquí mi inquietud principal era el descenso, ya que no había practicado mucho las destrezas traileras durante los últimos meses. Era muy cauto al respecto, no quería que la prueba terminase demasiado pronto para mí. Respecto al resto del recorrido me mostraba confiado, incluso pensando en una buena posición para compensar las carencias en la carrera de montaña.

Situados en la línea de salida unos 100 participantes entre unas y otras categorías, la emoción me sobrevino de repente. Los nervios me inundaron ante el reto y la paliza que venía a continuación, así como el esfuerzo para llegar a estar allí. Sin más tiempo para estas reflexiones, se dio la salida, y como era de prever, todo el mundo salió enchufado. Yo que me había situado en posiciones retrasadas de salida, no quise agobiarme con ello, mi pelea sería otra, aparte de pensar que mi oportunidad vendría durante la dura subida.

Atravesados los primeros 2 km por carreteras vecinales y pistas a gran velocidad, se llegaba enseguida a unos de los tramos trampa del recorrido, ya en el pueblo de Eriste. Antes de afrontar la pista de subida, había que recorrer un pequeño sendero muy técnico donde se vaticinaba la subida a pie de casi todos. Mi sorpresa fue que los participantes se bajaban de sus “burras” antes de los tramos más obligados. Por mi parte, intenté avanzar más metros montado, pero fue imposible por el atasco que se formó en este tramo. Los adelantamientos aquí resultaron imposibles y hubo que conformarse con subir en procesión hasta la pista. Con el tiempo consiguiente ya perdido, montamos a la bici para afrontar la subida. Rampas del 8-10 % a través de una pista en zetas para superar unos 450 m de desnivel. Aquí, al contrario de lo que esperaba, no me encontraba lo fresco que presumía, por lo que no pude recuperar más que alguna posiciones.

                               Foto Peña Guara
Sin darme casi cuenta, superamos el tramo de subida para así afrontar la temida bajada. Al principio se trataba de una pista con piedras sueltas que luego enlazaría con un sendero más técnico con algunos escalones rocosos. A medida que bajaba me encontraba más confiado con el descenso y con la capacidad de mi bici, por lo que fue una autentica gozada. Aún así hubo una media caída al final de descenso al atravesar una acequilla pero sin ninguna consecuencia.


Una vez abajo en el valle, volvíamos por el recorrido de ida a toda velocidad, intentando recuperar alguna posición , lo cual resultó prácticamente imposible. En ese momento, como en el resto de la prueba, no tenía mucha idea de mi posición en la prueba, aunque esto era una cuestión menor.

Tramo CARRERA DE MONTAÑA (5 km, 500 m de desnivel positivo)
Llegados a la transición, cambiamos de zapatillas, cogimos bastones y nos pusimos cantimplora al ristre. La salida fue confusa, no me acordaba por donde se iba y tuve que preguntar a la organización. Luego tuve que volver porque me llevaba el casco puesto. Después de estos segundos perdidos, afrontábamos la parte más floja de mi preparación, o eso pensaba yo. Los primeros cientos de metros sirvieron para acostumbrar las piernas y tomar alimento. Aquí fuimos adelantados pero también adelantamos.

Ya en el pueblo de Anciles, empezaba el sendero empinado que nos subiría a Cerler. La idea era sólo andar rápido, pero al verme fuerte, hice más de un tramo trotando. Una chica me sirvió de liebre y cuando ella corría yo lo intentaba. Con ello conseguimos adelantar varias posiciones. Con el corazón a tope, todavía tenía tiempo de disfrutar del paisaje boscoso, los cursos de agua y los abedules que nos jalonaban. El camino tenía resaltes rocosos como zonas encharcadas inevitables, lo que provocaba algún que otro resbalón. Descartada la idea de reservar en la carrera de montaña, seguimos a tope hasta la transición al esquí.
                               Foto Peña Guara
Tramo ESQUÍ DE MONTAÑA (7 km, 750 m de desnivel positivo)
Sin más dilación, llegamos a la transición al esquí de montaña. A estas alturas el fantasma del fuera de control parecía haberse evadido, pero todavía quedaba mucha prueba, por lo que era cauteloso en mis pasos. La prueba del esquí sería muy larga y es aquí donde se pondrían a prueba mis fuerzas.
                               Foto Peña Guara
En esta transición lo más complicado fue abrir la bolsa del material (maldito nudo) y colocarse el ARVA (me lo puse casi por primera vez). Resueltos los problemillas con el material enfilamos con los esquíes los 750 m de desnivel. A estas alturas me veía fuerte, por lo que tiré con todo en busca de recuperar posiciones. Inicialmente así fue, pero cuando empezaron las rampas duras no sólo  no recuperaramos posiciones sino que empezamos a ser adelantados. El cansancio empezó a aparecer, las piernas empezaban a estas cansadas y doloridas. La técnica resultó también determinante, algunos participantes me adelantaban con suma facilidad. 
Fue a mitad del tramo cuando las posiciones empezaron a resultar inamovibles. Manteníamos las distancias entre los corredores. Las rampas ya se nos atragantaban a casi todos, especialmente una de las últimas. El sol reflejaba fuerte, el calor era intenso, como la deshidratación. Me quedaba poco agua y poco de glucosa, por lo que tuve que racionarlo mucho hasta el final.

Cuando aún quedaban unos 200 me desnivel, la prueba empezó a ponerse dura de verdad. Ya llevábamos casi 3h de prueba. La fatiga era enorme y el collado del Ampriu no terminaba de aparecer. Incluso aparecieron dolores de cabeza y sensación extraña en el estomago.
Pero finalmente apareció el collado. Visto este, apretamos a muerte los últimos metros, era el último esfuerzo. Jadeantes ya en el collado, quitamos las “focas” para afrontar y disfrutar la bajada hasta la meta. La nieve estaba perfecta, el esquí resultó muy gozoso, pensando ya en el desafío casi cumplido. Nos lo tomamos con tranquilidad, ya no había lugar a la prisa. La meta aparecía allá abajo con toda su parafernalia. Los últimos metros fueron más directos (había que aparentar velocidad en la meta). Y la emoción no embargó de nuevo. Habíamos cumplido  el reto en 3h 17’, soberana y bella paliza. De la posición mejor no hablar. 
Ha sido una experiencia inolvidable, digna de repetición y quizás de mejora. Agradecer a todos aquellos que me habéis apoyado, especialmente a María, Fran y César. Por supuesto también al Club Abismo que ha entendido que de cuevas no se puede vivir solamente, y al que pude representar en esta aventura.
Si queréis ver resultados y más fotos, os remito a TRI-NEU de Benasque.
Dani Fernández

3 comentarios:

  1. Vaya paliza esto de los triatlones. Y que suerte que este año la nieve estuviese presente para las fechas que corren.

    PacoQ

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  2. La virgen peluda......me ha entrado flato con sólo la lectura.Ole tus güevos.
    Miguel.

    P.D:. Ya, hablaremos de lo del esquí de travesía

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  3. Ole, Dani. Enhorabuena por la experiencia, tu voluntad y ánimo. Estás hecho un salvaje, qué bien.

    Por cierto, a todos, que recordemos que aunque Abismo es un grupo de espeleo (mayoritariamente), todos hacemos alguna cosilla más (por ejemplo, yo tiro piedras al río de vez en cuando y cuento saltos de rana... tengo un récord en 11 saltos...), y el blog está abierto a vuestras experiencias.

    Lo dicho, aunque me da alergia la nieve en la montaña (eso tan frío y resbaladizo... prefiero el barro), viendo crónicas como la de Dani, o las de las travesías en esquí de meses pasados, como que me entran ganas de aprender a estar sobre las tablas esas...

    Javier

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