domingo, 22 de noviembre de 2015

L’AVENC AMPLE – PEGO (25/10/2015)

Desayunar en la terraza mirando al mar a finales de octubre es una imagen idílica. Qué mejor forma de coger fuerzas tras el merecido descanso nocturno para afrontar un segundo reto espeleológico en el levante español. Lástima que estuviera… ejem… diluviando ligeramente y que tan solo pretendiéramos visitar una sima de unos 30 metros de diámetro sin resguardo alguno frente a la lluvia.

Mañanita de lluvia en Gandía 
En fin, que entre lo poco clara que se avecinaba nuestra empresa y que… para qué negarlo, nos gusta tomarnos con calma el café, acabamos dejando el apartamento a eso de las 11:30. De camino, parada obligada a comprar pan y unos dulces de coco en Oliva. Viendo que la lluvia no era ya tan pesada decidimos encaminarnos a la boca de l’Avenc Ample en la Vall d’Ebo, en el municipio de Pego. Unas cuantas curvas y un paisaje de lapiaz impresionante nos conducen a esta amplia cavidad cuyo nombre en valencià le hace justicia.

Paisaje en la Vall d'Ebo
El número de vías equipadas es amplio, ya que se trata de una cavidad-escuela, así que lo primero es decidir cuál sería la más oportuna para realizar el descenso. Finalmente nos decidimos por una fácilmente accesible y que permite realizar la mayor parte del descenso en volado.

Volver al coche y cambiarnos supone que Montse empieza a instalar la cuerda a la una y media de la tarde. Jesús, desde el otro lado del pozo, aprovecha para fotografiar los mejores momentos de la instalación y el descenso, obsequiándonos con imágenes como éstas…

Detalles de la instalación.
Arturo y yo en pleno descenso
El fondo del pozo no resulta ni oscuro ni tenebroso. Un inmenso montón cónico de derrubios alberga una bella población de lengua de ciervo y otros helechos que, para su conservación han sido balizados. El ambiente es tranquilo. Un haz de luz penetra desde una segunda boca en el extremo suroeste del pozo. El cielo gris nos observa amenazador, creando una atmósfera digna de cuento de hadas. Por lo demás, las paredes resultan carentes de espeleotemas, a excepción de algunos muy fósiles.

Escena de cuento en el interior de la sima.
Lengua de ciervo (Phyllitis scolopendrium). Helecho escaso en esta zona donde aparece asociado a menudo a los fondos de sima.
Montse y Arturo se enfrascan en una animada cháchara que a mí se me antoja eterna pensando que estamos a más 400 km de casa, que son las tres de la tarde, que mañana es lunes, que me toca conducir y que…. Respiro hondo y decido disfrutar de lo que me rodea y olvidarme de los agobios.

No lo he mencionado aún, pero el objetivo de esta visita no es solo hacer fondo y volver a subir… Al parecer el C.E. Gandía descubrió en 2001 una amplia sala con formaciones a la que se accede tras una pequeña trepada y recorrer una incómoda gatera de 5 metros. Rápidamente reconocemos el acceso gracias a la cuerda de apoyo, prácticamente innecesaria que algún grupo ha dejado instalada. 

Accediendo a la gatera de entrada a la sala CEG
Visto que soy la que más prisa tengo, decido ir en primer lugar. Rápidamente me doy cuenta de que lo de “incómoda gatera” no son palabras vanas. Una vez dentro, todos los trastos sobran, el mono se engancha en los numerosos salientes que tampoco dejan tomarse un descanso sin riesgo de abundantes moratones y la forma irregular y aplanada lateralmente, y lo bajo del techo, hacen imposible cambiar de posición. Me digo a mi misma que solo son 5 metros, pero el hecho de no haberlos recorrido antes ninguno de nosotros hace que me agobie un poco y vuelvo atrás. Pido agua y me lo quito todo (el arnés y los aparatos, me refiero). Respiro hondo un par de veces y arramplo con todo para delante sin pensarlo más. Rápidamente me encuentro en una ventana que se abre a un pequeño destrepe desde el cual, según nuestros planes, una cuerda instalada en fijo permitiría bajar a la sala. Planes totalmente infundados, puesto que finalmente resultó que no había tal cuerda, sino que solo fue producto de nuestra imaginación y no de una adecuada documentación. Sin embargo, no fue cosa de poco darnos cuenta de que no había cuerda. Yo había quedado agotada tras los nervios de la gatera y no veía claro acercarme mucho más a la zona donde deberían situarse los anclajes. Montse y Arturo, desde fuera, me preguntaban qué era lo que veía desde mi posición… “¡Aquí no hay ninguna cuerda! Solo veo una anilla y dos flecos…” “¿Dos flecos?” “Sí, dos flecos negros”… Mi miopía me estaba jugando una mala pasada y los dos flecos no eran sino viejos maillones oxidados… Eso sí, no había cuerda. Por si acaso, y dado que no acertaba a dar información más clara, acabó pasando Arturo quien, aproximándose un poco más abajo, dio con los anclajes y encontró también, escondida, una cuerda rota en fragmentos totalmente estropeada y absolutamente desaconsejable para bajar una caída de al menos 6 o 7 metros. En fin, Jesús, que al final te echamos de menos… ¡a ti y a tu cuerda verde!

Anclajes para acceder a la sala CEG y formaciones al fondo. Cuerda rota y escondida.
Tomadas las fotos de rigor abortamos la misión y salimos ambos. Qué corta se me hizo la gatera a la vuelta. No es lo mismo pisar terreno conocido que desconocido, está claro. A pesar de lo fallido del proyecto decidimos que nos merecíamos reponer fuerzas antes de afrontar el ascenso de unos 50 metros para volver arriba. Ya con el buche lleno, subo primera y estreno el pantin que me ha prestado Jesús… ¡Madre!, qué alegre se sube con este chisme… En pocos minutos estoy arriba, esperándoles. Poco a poco va subiendo Arturo y finalmente Montse, que desinstala sin problemas.

Mientras nos estamos cambiando, Arturo saca una caja de pulseras de esas que brillan en la oscuridad, que se ha encontrado abajo. Poco tardamos en condecorarnos y como ya es de noche vamos tan chulos con nuestras pulseras. Con no poco esfuerzo logramos meter todos los trastos, nuestros cuatro cuerpos serranos y el cuerpo peludo de Nero en mi Forito que se porta muy bien y nos lleva cual Kit (el coche fantástico) a Camporrobles en un periquete y a Guadalajara en dos periquetes.

En fin, un fin de semana muuuuy bien aprovechado y en una compañía difícil de mejorar.