martes, 1 de diciembre de 2015

El Señor de los Cordinos: Descenso a Cueva del Lobo de Mordor

10 de octubre del año dos mil y quince.

La aventura empieza con el Ascenso a Mainas Tiryzh por TorcaFría

Una vez en la boca de Torca Fría y después del ágape de acelgas y pan de mambas, la Comunidad del Mosquetón, integrado por los apuestos Arturo Tuk, Montse de Rojan, Toño el del Bolsón y Rebe de Ribandael, comienzan el descenso a MordorLobo. 

El avezado Toño coloca la cuerda, ya que la que había puesta tenía pinta de ser una trampa de los Orcos, y baja el primero arriesgando su vida y sin saber lo que se encontraría abajo. 
 
Toño el del Bolsón preparado para lo que sea
El resto del grupo comienza a bajar tras unos momentos de reflexión sin muchos problemas técnicos pero si con grandes problemas de comunicación. El pozo tiene una acústica terrible y nadie se entera de nada.


Arturo Tuk encomendándose a los nomos
Una vez abajo, y antes de llegar a la primera prueba: el pasamanos del Abismo del Helm, les  espera un frío agarrotador (por no decir de cagarse en *·$%&”@). A pesar de la baja movilidad de los miembros debido al frío, todos ellos consiguen pasar y llegar hasta la ventana del otro lado.

El frío no se lo pone fácil

Primer pasamanos hasta la ventana

























Una vez allí se encuentran con la primera trampa del Señor Oscuro, una grieta vertical de 5 metros por la que hay que ascender. Hay una cuerda instalada por la que suben  mientras cortantes aristas cercenan sus curtidas pieles. El espacio no da ni para doblar la rodilla, así que el ascenso se realiza penosamente a pedaladas de 2 cm. La única que lo consigue pasar con cierta dignidad es Montse de Rojan, que es descendiente de una estirpe de humanos-culebra a los que estas estrecheces se la traen al pairo.   
 
Primera trampa
  



Una vez burlada la trampa nuestros protagonistas llegan a un pequeño pasamanos que les deposita en el meandro de la Carpeta Verde, un lugar bastante abrupto y lleno de peligrosos desfondamientos hacia el infierno. Los constantes cambios de nivel que hay que localizar para continuar provocan pérdidas continuas en el grupo. Además, las indicaciones que llevan están escritas en élfico antiguo y nadie las comprende. 









Después de unas cuantas vueltas Toño el del Bolsón encuentra  la continuación y consiguen llegar a la Galería McGyver. Después de un rato analizando las notas, llegan a la conclusión de que están mucho más alante de lo que creían. Eso les da nuevas fuerzas y continúan la travesía.

A partir de este momento los recuerdos se difuminan, debe ser algún gas del Señor Oscuro. 

Casi al final se encuentran con un largo meandro, de unos 30 metros, muy colgón y muy capullo, sin duda es la última prueba antes de llegar a la salida por MordorLobo. Está instalado porque es largo y da miedito, pero se puede hacer prácticamente en oposición y así lo pasan. La elfa Rebe es el miembro más débil y retrasa un poco la expedición, ya que se ha metido una hostia como un piano en las costillas unos metros antes, menos mal que el bueno de Arturo Tuk está pendiente de su avance.

La mitad la comunidad llegando al final

Por fin comienzan a ver hojas y a oler a tierra. Los seres del inframundo también hacen su aparición: moscas, arañas y cienpieses gigantes atacan a nuestros héroes que, con una valentía nunca vista logran esquivar los mortíferos ataques y salen al exterior.

Ruedan colina abajo sobre el manto de hojarasca otoñal del Bosque de los Trolls hasta llegar a los caballos, en los que vuelven muy contentos a la Comarca de Margari con la misión cumplida. 

Y para cenar perdices, por supuesto.

Rebeca