jueves, 12 de mayo de 2016

Cueva La Magdalena (Valle del Jarama)


El Día 30 de abril iniciamos una vuelta al pasado, hacia el 2 al 26 de febrero de 1937, cuando tuvo lugar la Batalla del Jarama entre las fuerzas del Bando Sublevado con pretensiones de tomar Madrid y los Republicanos que establecieron una línea defensiva lo largo del Río Manzanares, entre Arganda del Rey y Titulcia.

El día en su totalidad fue fantástico, de principio a fin, como origen elegimos un parking público de la localidad de Rivas – Vaciamadrid, donde nada más iniciar la marcha perdimos la carpeta de topografías, tan solo fue un susto la encontramos a los pocos minutos. Nuestro conductor Jesús tenía el camino en mente y tras dar un paseo por el campo y buscar nuevos caminos nos encontrarnos a un Legionario que mostraba restos de la guerra. De nuevo, tras iniciar la marcha, tomamos la Carretera de la Cañada Real que estaba en un estado lamentable que por un bache, charco o, cualquier obstáculo no nos impidió continuar con nuestro camino.



Finalmente pudimos aparcar en lo alto de unas pequeñas elevaciones para iniciar la búsqueda de la Cueva La Magdalena y otras posibles cuevas explorables, incluso una de la que se tiene constancia del hallazgo de un coche (que no lo encontramos).

Tras realizar una exploración general de la zona iniciamos la entrada a la cueva, pues se trataba de la única cavidad con posibilidad de exploración, dándonos la bienvenida un lecho de lo más romántico.



Y este fue nuestro recorrido marcado al ritmo de los de cabeza, es decir, por Irene y Jesús, mientras el resto (Toño, Jorge y Rafa) íbamos siguiendo su pasos, salvo Jesús que iba buscando entre unos y otros caminos, ante una gruta que desde el primer momento vimos que las mismas distancias de la topografía no coincidían, pues los metros no eran nada exacto, además cada uno de los caminos que iban surgiendo a un lado u otro eran motivo de reagrupamiento y debate para localizar nuestra situación en el mapa.

En cuanto hallamos la Sala del Inquilino, muy fácil de identificar por su suelo arenoso, las velas que decoraban el ambiente y los nombres de Navarro y otros reflejados en las paredes. Este fue el punto guía que nos permitió dirigirnos en un primer momento hacia Sala Dorada y de las Excéntricas, unos lugares muy similares a toda la estructura de la cueva, pero al que halló tal sala pudo sorprender con más ahínco, pues nuestra llegada ha sido una de las muchas que ha pasado desde su origen.





De nuevo retornamos hacia la sala del Inquilino para dirigirnos hacía el norte y llegar al paso de la T, no sin antes explorar otros caminos que en el mapa aparecen sin fin, y así era tenían fin, pero el que hizo la topografía quería mostrar una cierta gota de aventura y sorpresa de descubrir nuevos caminos.






El paso de la T nos llevó hacia una sala amplia, en donde decidimos establecer el picnic y hacer un descanso antes de proseguir con el camino. Tras un periodo de descanso y llenar la panza con lo pertrechado, avanzamos hacia Los Meandros, zona muy fácil de reconocer por la estrechez del camino, cómo de andar, pero algo estrecho.










 Hasta que llegado al micro aplastador, en donde solo pasaron Irene y Toño, afortunados que vieron la Sala de los Volcanes, el resto optamos por permanecer a la espera o visualizar otros agujeros próximos que pudieran llevar a otro lugar.



  
                                     


De nuevo volvimos hacia antes del paso de la T para llegar atravesar un camino de gateras y algún paso estrecho hasta la Sala de la Bodega y de los Cristales, estas salas tenían un mayor atractivo por sus grandes cristales que decoraban las paredes, y junto a esta última sala había otra sala en la que descubrimos un cepo de ballesta, restos de cerámica moderna y huesos de pequeños roedores, además de percibir una ráfaga de aire procedente del exterior que se filtra por pequeñas aberturas que no logramos localizar.

            

Finalmente, reiniciamos la vuelta hacía la salida. Todo el tráfico de la cueva se hace prácticamente a gatas, salgo la parte de los Meandros que es de pie a fila de a uno, aunque por la manera de avanzar se hizo más cómodo las gateras de todo nuestra locomoción por el interior de la cueva, motivado por esa fantástica compañía que formaba la expedición.


Jesús Fernández, Jorge Cortés, Irene, Toño y Rafa A. Valenzuela

"No sigas el sendero. Dirígete en cambio a donde no hay sendero y deja huella"
Ralph Waldo Emerson