jueves, 26 de mayo de 2016

Prácticas en exteriores IV Curso Perfeccionamiento y XV Curso Iniciación


21 y 22 de mayo de 2016
Este año hemos coincidido con antiguos socios de Abismo en estas prácticas en exteriores y a nosotros nos han ayudado como ya va siendo un clásico, los del grupo de Espeleo Minas. Los del grupo de la Grieta, instalaron la tarde anterior el largo pasamanos de donde partían las vías que nosotros necesitábamos instalar. Durante el curso utilizamos unos y otros todas la vías y aunque a veces nos tocaba esperar en alguna vía en concreto, nos apañamos a las mil maravillas.

Todo el mundo fue muy puntual y a las once de la mañana, ya estábamos liados con la colocación y comprobación de que los equipos estuviesen bien colocados. Unos últimos ajustes, reparto de monitores y cursillistas y al ataque.


Irene que estaba de prácticas en el de Perfeccionamiento y como supervisor Alfonso de Espeleo Minas, se subieron por los altos, a ir instalando vías con mayor dificultad.

Para muchos fue el primer encuentro con las cuerdas. Con ayuda del croll y el puño con su respectivo pedal, comenzaron a subir por las cuerdas hasta encontrarse con el primer fraccionamiento. Cada monitor que llevaba a dos cursillistas a su cargo era el encargado de explicar cómo hacer esta maniobra de pasar el fraccionamiento.

A Jesús, director del curso, esto le sirvió en principio para cambiar a algunos cursillistas de monitor pues el ritmo de cada cursillista es diferente y así intentar acoplar a dos que se desenvolviesen a la par, evitando que uno de ellos estuviese parado esperando al compañero de faena.

Más o menos, casi todos los grupos llegaron a la vez hasta las cabeceras. Una vez arriba de estas vías, tocaba hacer cambios de aparatos para comenzar a descender. Este fue el momento en que mientras unos seguían por las alturas otros ya estaban en tierra firme. Fuimos cambiando a los cursillistas pero como eso lleva tiempo les dio un pequeño respiro para picotear algo, beber agua y a los fumadores a saciar su vicio.

Irene que andaba perdida por las alturas, instaló el volado y por allí la vimos bajar para asombro de algunos que se planteaban en sus cabezas si eso lo tendrían que subir y bajar.

Según íbamos acoplando los nuevos grupos e iban quedando vías libres, empezaron a subir de nuevo por diferentes vías y practicando una y otra vez esos fraccionamientos. Esto se repitió hasta la saciedad, pues luego en las simas deben de tener muy claro este tipo de maniobra. Y así estuvieron hasta la hora de comer.

Por la tarde tocaba subir el nivel y con ayuda de los de Espeleo Minas, empezamos a hacer grupos de dos, monitor y cursillista, con lo cual el ritmo lo marcaba el nivel de cada cursillista sin tener que esperar a que el compañero hiciera las maniobras que tocaban en ese momento.

El director del curso mandaba a unos y a otros a esas vías con más dificultad, menos a los que necesitaban seguir practicando los fraccionamientos más sencillos.

Esos dichosos desviadores, uno de ellos en volado y el otro en la grieta que para colmo tenía una vía complicada, donde un simple fraccionamiento costaba hacerlo más por la tensión en las cuerdas. En uno de los tramos de estas vías también tenían un antirroce.

Jesús fue el primer valiente en subir y bajar el volado y el único cursillista que lo hizo el sábado. Los demás pasaban por debajo y lo miraban pero ninguno lo intentó esa tarde.

A Irene la veíamos aparecer de vez en cuando con la preparación de alguna vía más, que hacia subir el nivel de dificultad y que más adelante tenían que practicar los cursillistas.

Para desatascar las vías y que no hubiese cursillistas parados se empezó a mandar a unos cuantos a que fuesen haciendo el pasamanos. Poco a poco se fue montando una hilera de cursillistas y monitores que los que estábamos abajo íbamos viendo como desaparecían en esa curva que tanto les pone a los cursillistas cunado tienen que echar el culo atrás.

Otra vez Irene hacia acto de presencia, esta vez para montarnos un péndulo complicado para instalar. Unos cuantos balanceos hasta que consiguió anclarse con la uña a un trocito de roca. No fue suficiente, se fue de nuevo dándonos un susto pues se golpeó con la espalda en la pared, por suerte no fue nada, ni se quejó, volviendo a intentarlo hasta que consiguió anclarse y colocar el mosquetón. Una vía difícil que más adelante tendrían que pasar los cursillistas.

A las 8 de la tarde dimos con concluida esta jornada. El cansancio se notaba en prácticamente la totalidad de los cursillistas y como no, en los monitores pues la labor de estar pendiente de que aprendan y sobre todo que no cometan errores durante una jornada tan larga es agotador física y mentalmente.
Nos fuimos al Albergue del Molino donde pudimos ducharnos y cenar caliente. En los postres, Jesús nos sorprendió con una tarta que llevaba impreso el logo del 25 Aniversario. Unas bebidas acompañadas de los típicos chascarrillos espeleológicos y a dormir en colchón.
A las ocho y media del domingo desayunamos y camino de nuevo al lugar de las prácticas.

Sobre las diez de la mañana comenzó a llenarse las vías casi por completo. Un poco de entrenamiento fácil para calentar y poco a poco los casi todos los cursillistas se movían autónomamente.

Los de Perfeccionamiento, incorporado Sergio, se pusieron a montar el pasamanos de la Grieta y avanzando un par de fraccionamientos más de lo que habíamos tenido el día anterior, para terminarlo en un pequeño volado.

Los que aún les faltaba subir de nivel, se les hizo pasar por el desviador.

Otros se atrevieron con el volado.

Les enseñamos a pasar el dichoso nudo en mitad de cuerda.

La escala, poco usada por los espeleólogos hoy en día, pero que nosotros seguimos usando en nuestras exploraciones de nuevas cavidades.


Sergio instaló el pasamanos en aéreo e intento continuarlo poniendo un parabolt con el maquinillo sin conseguirlo. La próxima vez que vengamos tendrá que intentarlo de nuevo y sin disparar a nadie (los que estaban allí saben de lo que hablo).
Otra prueba a superar fue el Péndulo, que dejábamos que resolviesen por ellos mismos como pasarlo. Curioso, vimos tres formas distintas de pasarlo bien y unas cuantas más muy curiosas en las que se enredaban con los aparatos.

Cuando Sergio termino el pasamanos aéreo, empezaron a pasar todos los cursillistas.

De nuevo varios recorridos por el Pasamanos en altura de ida y de vuelta, incluida la Grieta.

Algunos hasta se atrevieron con un pasamanos aéreo en altura y la pared desfondada que había instalado Pilar del grupo de la Grieta. Por cierto, buen trabajo.

Al final de la jornada se realizaron dos simulacros de rescate, desbloqueando de la cuerda al supuesto accidentado y bajándolo a tierra firme.
Poco a poco se fueron desinstalando todas las vías, y ahora solo les quedaba a los del Curso de Perfeccionamiento que montasen las sacas que vamos a usar el fin de semana que viene en las simas.

Una vez terminada esta faena, dimos por concluida esta jornada de dos días (tres para los instaladores) de prácticas en exteriores.


Unos pocos consejos para el fin de semana siguiente, despedidas y unos a llevar y descargar todo el material en el club y otros para casa.
Paco Cuesta