miércoles, 12 de abril de 2017

Mata Asnos, bajando al meandro por otro sitio.

Como Santi Gutiérrez nos tiene prometido guiarnos en una salida a Mata Asnos, pensó que interesaría echar una ojeada a la instalación que pretende enseñarnos, por muy pocos conocida y por menos aún realizada (que yo sepa, de Abismo, sólo él ha estado en "la ventana").


La entrada al sumidero de Mata Asnos, preciosa
Contactó directamente con algunos de los abismeros "antiguos", concretamente con Quique Quiles y Javi Rejos, a ver si podíamos ir a ver esa entrada y esa famosa instalación, famosa para los que le hemos oído hablar de ella en las no pocas ocasiones que hemos estado con él en este famoso sumidero. 

Al final sólo a mí me fue posible acompañar a Santiago, así que se lo comenté, y a última hora lanzamos la convocatoria al club por si a alguno más le apetecía venirse, haciendo constar que no se iba a recorrer el meandro ni nada, que la idea era ver y valorar cómo se iba a instalar el descenso de la entrada hasta el comienzo del mismo, y volver el mismo día después de comer. Arturo fue el único que se animó a venir a echar el día, así que quedamos con él temprano en Carrascosa.

A las 08:00 recojo a Santiago y cargamos el material. Casi todo es suyo, 50 + 50 m de cuerda y otros trastos. Otra parte, poco material, es del Club... poco material, echamos en falta unas cuantas cosas que nos hubieran venido de perlas. Menos mal que improvisamos bien.

Entre comprar pan, parar a echar gasolina, y etc., nos retrasamos y llegamos media hora tarde al pueblo, donde ya nos espera Arturo. Saludos y apretón de manos, hacía mucho que no coincidíamos. 

No llevaremos sólo un coche, así que a cargar los trastos en él... resulta que Arturo no ha traído material, dice que como era sólo un rato en la entrada, no pensaba que le diera tiempo ni a entrar, así que al final lo sacó del coche... lástima, porque nos habíamos hecho a la idea de tenerlo junto a nosotros en la instalación del descenso. En fin, se quedaría como cronista gráfico en la boca.

Nos arreamos, recordando los caminos de acceso. Tomada la pista, algo más de 1,5 km y a la izquierda, algún cruce pero finalmente alcanzamos el barranco dejando el coche justo sobre la boca del sumidero, en un paraje bien bonito, de pinares laricios sobre roquedos calcáreos. La pista de descenso está transitable con un turismo no muy bajo, pero constatamos que en caso de que haya llovido, imposible sin todoterreno pues tiene tramos con unas roderas de barro terribles donde sin duda quedaríamos atascados.

Pinares laricios entre roquedos y el barranco
Primero bajamos por las sendas a ver la boca desde abajo, y allí nos hacemos alguna fotillo de recuerdo. Vemos la vertical sobre la entrada, arriba justo está el coche aparcado, y la idea es iniciar el descenso desde allí, pues nos consta que existe instalación para la cordada... ya sabemos que es mucho más cómodo bajar por la senda hasta el lecho del barranco e iniciar la instalación en la resbaladiza rampa que da acceso a la boca, pero esta vez queremos bajar directos sobre la boca y tirar para abajo desde allí.
Bajando a la entrada


Encima de la rampa sobre la boca
Subimos, nos vestimos y colgamos los hierros... esta vez no he olvidado nada. Decido tirar del handy como freno, pues hace tiempo que no lo uso, no vaya a ser que se me olvide cómo trabaja... por si acaso me hacer falta, me cuelgo también el habitual mosquetón de acero.

Comenzamos a buscar la línea de descenso, partiendo de un árbol gordo. Tras mirar por allí localizamos un par de spit, viejos pero funcionales tras limpiarlos con los ganchillos que llevo en mi equipo de burilar, que viene conmigo como casi siempre. Desde allí, montando una cabecera en "Y", santiago inicia el descenso a una repisa repleta de piedrecillas, bajo la que hay que atravesar un montón de arbustos que han crecido en las repisas y huecos de la pared, pero se pasa bien y sin problemas y sin hacer daño a las plantas.




Preparando la instalación desde arriba
Poco más abajo la pared se aleja hacia la boca y rápidamente el descenso será volado. Allí justamente hay otro spit, sucio y embozado, que costó mucho limpiar y el tornillo no llega a ajustar la chapa completamente, pero permite el descenso. Santi me advierte que allí trabajaría mejor una chapa torcida, pero no lleva... ni yo tampoco, vamos escasos de material. Hay una en la cabecera sobre mí, así que la cambio por una doblada que trabaja bien allí, y la cambiaré cuando llegue a abajo. Las órdenes de Santi son que vaya revisando todo y mejore lo que se pueda mejorar (si soy capaz).


Mi compañero se va al fondo para empezar ya con el pasamanos de entrada, yo valoraré burilar otro spit para mejorar la instalación de descenso. Mientras, Arturo va tirándonos algunas fotos.
Revisando anclajes, limpiando y estudiando el descenso
Alcanzado el spit, quito la chapa y monto la torcida, trabaja de maravilla y además queda bien ajustada. Por mejorar más aún, si es posible, cato la roca con la maza para ver si merece la pena doblar los anclajes... suena a tierra y no a roca, sólo sobre el roce hay roca decente, pero no llevamos dyneema ni materiales que nos permitan alejar la cuerda del roce... otra vez poco material. Habrá que conformarse con lo que tenemos. Me tiro para abajo con Santi, que ya está desapareciendo en la oscura boca de la sima. Nunca había bajado por aquí, está interesante, aunque los anclajes están un poco viejos y quizá merecería la pena reequiparlo para mejorarlo.


Por ahí se baja hasta la entrada
Empezamos la vía del pasamanos, como está equipado con chapas fijas y químicos, es fácil y rápido ir instalando, sólo rehaciendo nudos por aquello de que, por un misterio irresoluble, siempre hacemos los mariposas del revés, con la "tripa" hacia la pared. Se van acabando los mosquetones, veremos a ver si al final no nos falta material.

Al rato ya está Santi en la cabecera, que se monta en "Y" a dos anclajes fijos. Roza una de las gazas del nudo, un poco. Se mejoraría tirando de un dyneema y alejando la cuerda de la roca, tomamos nota porque en esta atacada no llevamos dicho material.

No obstante, allí hay anclajes suficientes para montar varias cabeceras, pues están los spit originales, y otros, y en muy buen estado.
En el comienzo del pasamanos
Baja ya Santiago, empieza lo divertido... a unos 6 m se detiene para sacar cuerda, tiene que hacer un "lanzamiento de saca", reputada técnica que permitirá acercarse a la ventana tras la que queremos montar el descenso y sin necesidad de instalar un complejo pasamanos por la pared... pero saca cuerda y se encuentra el nudo que enlaza las dos cuerdas de 50 dentro de la saca...

Arriba a cabecera a instalar en la "Y" la nueva cuerda, no hay otra posibilidad. Cambio de aparatos, ascenso, nuevo nudo, abajo otra vez a pararse en medio del pozo... ahora sí, alargar cuerda, atar la saca a la debida distancia, balanceo y ¡Zas!, lanzamiento perfecto y acierto al otro lado de la ventana.


Viendo posibilidades de instalar en la entrada
Ahora a tirar suavecito, yo desde arriba veo como va recuperando cuerda y finalmente la saca y el nudo de la cuerda se enganchan al otro lado de la ventana, sólo un poco, pero lo suficiente para que Santiago comience a acercarse a la ventana y le eche la mano izquierda a la roca... demasiado forzado para sujetarse, cuerda muy tensa... se suelta y al centro del pozo de nuevo.

Hay que bajar un poco más para estar más libre. Descenso, bloqueo de nuevo y a tirar, esta vez con el puño para tener las dos manos libres al llegar... esperando que no se suelte la saca para no volar hasta el otro lado.

Alcanza la ventana y se agarra, echa una pierna arriba, parece que está cabalgando de lado sobre un caballo, brazo y pierna derechos arriba, los otros debajo... "que me voy, que no me voy, que vuelo, que no vuelo..." no lo dice pero es lo que está pensando mientras intenta subirse al caballo, digo a la ventana... parece una araña agarrada a la pared como puede. Si en ese momento le cuento un chiste seguro que sale volando... luego se hubiera vengado de mí tirándome a mí a alguna marmita, así que decido no puñetearle en su delicada situación.

Finalmente, esfuerzo, empujón y superación, y arriba de la ventana a horcajadas, resoplando... lo consiguió, Santiago subido en un sitio, arriba del pozo de entrada, donde no había visto yo a nadie todavía, aunque sabía que lo hacían. A seguir instalando.

Situación delicada, en pie en la ventana... un resbalón y un vuelo indeseado por el pozo con riesgo de darse en las paredes. Empieza a poner una chapa en un spit a la izquierda... está algo tocado, entra mal el tornillo. Limpiar, roscar y desenroscar, hasta conseguir que entre casi completo, pero la chapa baila un poco, no mucho, pero se mueve. No hay otra posibilidad, aparentemente. En fin.


Ahí está Santiago ya en la ventana, de lo anterior no hay material gráfico (lástima)
Inicia el descenso tras la ventana, a la derecha, anclado a ese único taco, pues a unos dos metros a la derecha de la ventana hay otro spit que ya se dirige hacia el fondo de la entrada, de manera casi directa y "puenteando" la gran marmita que hay en medio del descenso.

Va explicándome la situación. No me gusta un pelo, no es "reglamentario" iniciar el descenso tras la ventana en un solo taco, demasiado vuelo si algo falla, y tampoco que la cabecera definitiva, dos metros a un lado y por debajo, sea también de un taco... algo falla...

En fin, voy para abajo dispuesto a burilar y reasegurar lo que haga falta. Bajo hasta la altura conveniente y compruebo que nos hemos quedado cortos con la comba para hacer el péndulo hasta la ventana. Si bajo más, me quedo en la comba de la cuerda en medido del pozo, si no bajo, no llego a la ventana porque me falta cuerda en el péndulo... ligero problema.

No hay opción, bajo hasta quedarme en la comba clavado con el rapelador. Ahora viene lo gracioso, subir a la ventana... monto el puño y me voy acercando, pero sigo clavado en la comba... hay que montar el croll, me subo al pedal, abro el aparato y... ¡Sorpresa!, el anillo del handy se mete al croll y me quedo allí más colgado que un chorizo ahumándose, acojonao porque veo que me cargo el aparato y porque no veo manera de soltar esto.

A base de subirme al pedal y echar bufidos, intento liberar el rapelador (estoy anclado también a la otra cuerda, no penséis que me quedo a un sitio sólo), logro abrirlo en parte y... ahora se me queda abierto y enganchado en la cuerda de un modo raro, tan raro que veo que me lo voy a cargar... estamos un poco jod... Veo la navaja entre mis trastos, lo cual me tranquiliza... a las malas...

Todo esto os lo cuento, que debería haberme callado, para que sepáis que a los "expertos" también nos pasan de estas...

Pero no, no hay que ser tan agonías. Al final logro soltar el rapelador y el maldito handy, quedando tan a gusto en el croll, por fin. Todo ello por dejar corta la comba en el péndulo, bien aprendido para la próxima, no puede ser así, hay que dejar comba de sobra por debajo o seremos maldecidos largamente por los que vayan pasando... sólo faltaba que Santi hubiera dejado el nudo que ataba las dos cuerdas en la comba, de remate, no quiero ni imaginarme un paso de nudo en la comba de un péndulo y en el vacío. En el próximo curso lo probaremos, pero eso sí, bien cerquita del suelo...

Santi colgado hacia el pozo, yo en la ventana, valoramos la mejora de la instalación... de repente lo vemos, a los lados en ambos anclajes hay sendos puentes de roca que parece los ha puesto allí la naturaleza como reaseguro. Se pueden duplicar ambos anclajes, convertirlos en dos cabeceras... por eso hay sólo un spit en cada sitio.

De nuevo somos conscientes, llevamos poco material ¿con qué anclamos a esos puentes tan hermosos y bien puestos?. En fin, por "casualidad" llevo un par de cintas entre mis trastos, una como portamateriales y otra dentro de mi bolsa de burilar. También llevo varios mosquetones con seguro entre los míos, lo cual me permite duplicar la instalación arriba sin que Santiago se vea obligado a subir, y porque también llevamos pocos mosquetones. Como no hay mucha cuerda en la gaza a su lado, reaseguro recurriendo a un mariposa en corto, pero el resultado, ajustando el anillo de cinta en el natural, es muy bueno, trabaja de maravilla traccionando bien y equilibradamente de ambos anclajes. Él por su parte coge la otra cinta y ancla a su puente, monta una "Y" perfecta que da paso al descenso, así que abajo.

Algunos metros más abajo la pared desaparece, es la conexión hacia la marmita del centro del pozo, es por ahí por donde venimos cuando se desciende por la vía típica. En ese punto, con roca magníficamente pulida y limpia, y aparentemente muy compacta, hay un pequeño roce y un spit para resolverlo... pero no hay manera, ahí sí que no entra el tornillo ni limpiando ni nada, está deteriorado y lo suyo sería meter otro.

Sin embargo, el descenso es directo sin roce hasta la rampa del fondo... el roce se manifiesta cuando, alcanzado el suelo al inicio de la rampa, desciendes por ella llevándote la cuerda contigo (no hay otra manera, es muy, muy resbaladiza, peligrosa). Estimamos que no es grave, en la próxima pondremos un antirroce o un nuevo spit, y por otra parte la roca es muy suave y lisa, poco dañina para la cuerda.

Hay una cosa que no valoramos, y es la posibilidad de que bajo la vertical, en la pared cercana al inicio de la rampa, existan anclajes que permitan bajar por ella sin necesidad de tirar de la cuerda, es decir, evitando el roce de arriba. Hay que mirarlo en la próxima vez.

Bien, misión cumplida, estamos en la base de los pozos de entrada, en la entrada al meandro, y hemos visto cómo va la instalación, qué haría falta, cómo montar de la mejor manera posible. Cuando se vuelva montaremos la vía clásica y esta otra, si hay suficiente personal, y así "cambiamos".

No damos diez minutos para entrar al meandro, pues Arturo está fuera esperándonos. Para allá que vamos. Santi va recordando cada recoveco, el aporte de la derecha, estas coladas de arriba, los troncos... unas veces arriba, otras abajo, otras a medias.

En fin, diez minutos, no más, lo suficiente para que en una oposición algo forzadilla a Santi le resbale una bota y se deslice hasta el agua casi de tripa, chapuzón... "¡Está fría!" me dice. Por fortuna no se ha lastimado, sólo un poco de raspón en la espinilla, lo normal...

Sigo yo y, en el mismo sitio, resbalón, pero yo voy de pie directamente, hasta los muslos (menos mal que cubría poco). Chapuzón y, sí, está fría. Ya seguimos "tranquilos", es decir, por el agua, hasta que decidimos volvernos. Sólo hemos entrado un ratito, lo suficiente para caernos al agua los dos...

Un ratito y ya salimos algo magullados y cansados. Este meandro tan "cántabro" no permite el mínimo descuido, se hace presa y apoyo con lo que sea, espalda, codo, rodilla, pie, cabeza, oreja... lo que sea, y así, culebreando y contorsionándose, cuidando de no resbalar y quedar malamente empotrado en el fondo, se va avanzando... no se puede tener prisa, es importante no olvidarlo, es fácil hacerse daño.

Salimos al vestíbulo, un ratillo de reposo, y arriba. Sale ahora primero Santiago, yo desmontaré. Anudamos la cuerda para saber con exactitud cuántos metros se ha llevado, y arriba.

El roce es, efectivamente, sólo el tramito de rampa, luego ya no roza. Sube Santiago hasta la ventana, donde me esperará. Voy detrás, cuelgo la saca en la cuerda para que no me estorbe, ya la subiré cuando esté arriba.

Rápidamente alcanzo la ventana, los anclajes dobles a spit y naturales. Desmontar la primera "Y", vaya, me las veo y deseo, como que me veo subiendo y desmontando en descenso desde arriba, porque me apaño mal... al final me supero en una arista, con la parafernalia y la saca, y logro quitar los mosquetones, y la cinta del natural, por fortuna se puso en alondra en el puente de roca... si llega a anudarse en anillo a través del mismo, veo que se queda allí, pues llego malamente con la punta de los dedos... se ve que Santi es más largo que yo, claro. Y la chapa, ahora la chapa... con la mano derecha mal, porque si me giro me voy -de hecho me fui un par de veces-, y con la izquierda, de pena... pues así, a base de medios giros de llave, sale la chapa... arriba a la ventana.

Alcanzo la ventana y bien ancladito a meter cuerda a la saca, deshacer nudos, etc. Cuando todo está colocadito, a desmontar el natural y la chapa, aquí se lleva bien. Cuidadito, cuidadito, estoy trabajando de pie en un caballón de roca en la ventana, si me voy hacia el pozo grande, "vuelecito", si me voy hacia la entrada, "vuelazo"... y cuidando mucho que la saca no se vaya a donde no interesa, o iré detrás de ella.
Esto fue ya desmontando... la lucecilla tras la cuerda es mi casco al otro lado de la ventana
Llega el momento, mejor no pensárselo mucho, meto toda la cuerda posible a la saca y la cierro bien, la dejo al otro lado de la ventana, tenso lo necesario la cuerda en el croll y puño, medio en cuclillas en la ventana y... ¿y? ¡BANZAI!, salto al vacío y vuelo por el pozo, un par de roces en la pared lateral y la del fondo, ya los esperaba e iba con pies y brazos flexionados, por delante, y al momento ya en la vertical columpiándome. Ha sido un péndulo, un columpio, chulísimo y con escaso riesgo, un subidón de emoción de los inolvidables... tanto es así que le grito a Santiago: "¡¡¡Esto es la lecheee, me pido desmontar en la próximaaa!!!"

Nada, arriba, Santi ya avanza por el pasamanos, yo creo que con los dientes largos de haberme visto volar, ha sido muy emocionante, sí.

Nada, arriba, voy desmontando el pasamanos con ayuda del puño y demás, hasta salir fuera. Me cuesta quitar algunos anclajes, la roca es resbaladiza y tienes que ir avanzando por el pasamanos y luego retrocediendo por los anclajes para ir retirando la instalación.

Y, finalmente, cosas que pasan... al final estoy yo solo, colgado con un cabo de una chapa fija, fuera de la boca, sin hacer pie y ya sin cuerda ni nada... en fin, nada que no se resuelva con el pedal, porque el suelo está medio metro por debajo (!menos mal¡).

Santi sube por encima de la boca desmontando. El spit de enmedio sale fatal, tanto que la cabeza del tornillo se deteriora de la fuerza que hay que hacer con la llave. Lo consigue, pero parece gripado, caramba. Habrá que valorar el utilizar ese anclaje en la próxima.

Arturo, que ha estado por la boca fotografiando y zascandileando, además de pasear por el barranco de Mata Asnos, que tiene muchas marmitas y muy bonita, sube conmigo, subimos andando con el material.


Marmitas y cañones en el curso del barranco de Mata Asnos
Comeríamos allí mismo, hace un día magnífico, y luego a echar un café a Carrascosa, donde aprovechamos para visitar a Nati y también a Don Aniceto, a quienes recordamos con cariño de las numerosas ocasiones de visitas espeleológicas y cursos de espeleo impartidos por Abismo, hace ya muchísimos años, y en las que la base de operaciones estaba en el propio pueblo de Carrascosa, donde nos dejaban un local y allí montábamos las movidas, y desde allí partíamos los distintos equipos a las simas de La Serrezuela e incluso al mismo sumidero de Mata Asnos, pues sabed todos que esta simita fue "sima de final de curso" para varias generaciones de abismeros espeleólogos.


Ahí estamos antes de empezar

Y ahí Santi y Arturo, en Carrascosa tras acabar
Pta 1. Me lo he pasao pipa con Santi y Arturo en esta pequeña movida, y lo único que me fastidia es que Arturo no se trajera el material y que hubiera estado a nuestro lado en el pozo. Pero la próxima será, y creo que ya se ha pedido desmontar...

Pta 2. Y sí, sí... tengo agujetas hasta de pestañas, y me crujen los huesos, pero de momento mi ánimo es más inoxidable que los parabolt de métrica 10 que hay sobre la entrada al sumidero...

Pta 3. La verdad es que siempre me lo paso pipa, sea excavando conejeras, sea haciendo integrales... lo mejor son los buenos compañeros con los que hacemos las cosas, dentro y fuera de cueva, y en ese sentido, en Abismo, está claro que no falta material.

Javier Rejos