Sima Txomin IV

Fecha salida: 27/02/2026 - 01/03/2026

Participantes: Jota, César, Irene, Toño, Manu, Johny, Jesús y Marta.


Aún recuerdo la primera vez que tuve la oportunidad de visitar esta maravillosa sima gracias a mis compañeros de Abismo. Yo solo llevaba un año haciendo espeleo y aquello me dejó sin palabras. No es de extrañar que desde ese momento en mi cabeza siempre rondara la idea de volver a aquel impactante lugar algún día. Han tenido que pasar 9 años para volver a enfrentarnos al tremendo pozo, y poder volver a disfrutar de la impresionante vista que ofrece la famosa Sala Blanca. 





El viernes por la tarde ponemos rumbo a nuestra querida Cantabria. Allí se nos unirían nuestro compañero Jota y dos amigos de la tierra, Manu y Johny, un gusto compartir la aventura con vosotros. Aún llegando tarde, la hora del salida ya estaba fijada a pesar del disgusto de algunos. Siguiendo la ubicación de Jota, que ya había ido días antes a inspeccionar el terreno, y tras descubrir un camino por el que no se llega a la sima, alcanzamos el aparcamiento de la Boca Cuco. Nos cambiamos y a eso de las 9:45 estamos entrando en la gran mina. 


Nada más comenzar nuestra aventura, Jesús nos comunica que se retira de la expedición. Con mucha lástima nos despedimos de él, teniendo muy presente que esto es una actividad de ocio donde lo primordial es disfrutar y pasarlo bien. Tranquilo Jesús, volveremos cuando haga falta para que conozcas la sima. 

Una vez orientados con Irene en cabeza leyendo la topo, siguiendo las marcas que hay en todo momento localizamos el inicio de la instalación. Sin perder tiempo, Jota se pone en marcha instalando el pasamanos descendente que consta de varios tramos y termina en un pozo de 20 metros. Ya la sima ofrece unas formaciones de extraordinaria belleza, destacando la increíble colada en la pared de nuestra espalda que parece un gran órgano musical. A buen ritmo Jota nos va montando una gran instalación, y aprovechamos la espera para asimilar el gran pozo de 235 metros que se ocultaba bajo nuestros pies. Todo acompañado de nuestras charlas, risas e incluso alguno se anima a entonar alguna que otra canción. Especialmente César siempre aporta ese toque de humor y esa buena energía que acompaña y anima al grupo.


Una vez descendido el pozo de 20, nos situamos en una sala donde podemos juntarnos todos cómodamente. Ahí termina la primera cuerda, en nuestro caso de 60 metros. Doy el relevo a mi compañero y comienzo la instalación del gran pozo. Estaba nerviosa, la instalación me imponía un poco y sentía mucha curiosidad por lo que me iba a encontrar. Se inicia con un breve pasamanos para superar un pequeño gour. Tras bajar una rampa de escasos metros, a mano izquierda mirando la pared encontramos la cabecera del pozo. Ésta se encuentra en un bloque en el techo a nuestra espalda donde tendremos que pendulear para llegar hasta él. Hay un spit muy bien puesto, justo en el final de la rampa ya rumbo a la cabecera que facilita mucho la instalación. Lo primero que pensé cuando lo vi es "¿cómo narices voy a llegar hasta ahí?" Con paciencia y tomando posiciones un tanto incómodas consigo poner el primer spit con seguridad. Para instalar el siguiente te quedas "chorizado" como dice Jota, con una gran agujero debajo de tus pies que guarda en la oscuridad un imponente pozo de 110 metros. En esa posición tan cómoda encima topamos con un spit pasado imposible de usar. Instalamos uno que queda un pelín más lejos. Durante todo el desarrollo, vemos sobre todo instalación de spit acompañado en algunos tramos con parabolt de 10, incluso de 12. En nuestro caso empleamos spit en todo el pozo y solo parabolt de 10 en algún tramo del pasamanos inicial descendente. 

Con la cabecera volada en Y ya lista, comenzamos el descenso. Despacio y con buena letra, como se suele decir, vamos localizando los distintos fraccionamientos. Tras una tirada larga, hay una segunda cabecera. Decidimos saltarnos algún fraccionamiento aunque realizamos los suficientes pensando en aligerar la subida. Para el pozo empleamos 3 cuerdas de 55, 65 y 60 metros, en ese orden. En mi opinión, la instalación cuadra mejor con una primera cuerda de 50 metros, ya que dejamos unos 8 metros recogidos en el fraccionamiento de cambio de cuerda y no tuvimos ningún problema en alcanzar el final del pozo. A lo largo de la bajada, encontramos bastantes opciones de instalación por lo que aunque algunos de los spit eran inservibles, siempre dabas con un sustituto. 


Tras un total de 9 fraccionamientos y superando algún error de novato por mi parte, por fin tocamos suelo de nuevo tras un precioso volado de 40 metros. Gracias equipo por la paciencia en la espera. Toño, siempre es un honor contar con tu opinión, tu gran apoyo y tu gran experiencia. Detrás fueron llegando el resto de compañeros y a eso de las 14:30 estábamos ya todos abajo comiendo y bebiendo un poco. Después de reponer fuerzas, ponemos rumbo a la famosa Sala Blanca. El camino está marcado con catadióptricos. Ascendemos por el caos de bloques hacia una llamativa colada donde rápidamente se visualiza la cabecera del pozo de 18 metros, que se nos antojó más corto y que cuenta con un único fraccionamiento de chapa fija. Luego toca introducirse entre bloques, superando la parte más estrecha que presenta la cavidad. Las cortas estrecheces pronto dan lugar a una sala donde ya se puede apreciar excéntricas de llamativo color blanco, preludio de lo que nos espera más adelante. Accedemos a la gran sala tras una pequeña trepada y el espectacular paisaje nos recibe dejándonos una vez más boquiabiertos. Paredes y techos cargados de abundantes excéntricas y formaciones de un precioso color blanco. A diferencia de la primera vez que la visité, en esta ocasión vimos varias zonas balizadas y especialmente protegidas por su delicadeza y valor. En nuestro progreso siempre tenemos en mente intentar dejar el menor impacto posible. Tras unas cuantas fotos obligatorias y disfrutar de la maravillosa vista, iniciamos el regreso. 




El cuerpo ya se iba preparando para el esfuerzo del ascenso. Estaba claro que íbamos a entrar en calor. Con muy buena coordinación en unas dos horas estábamos de nuevo en la mina. Me ofrecí a desinstalar el pozo, aprovechando así para entrenar un poco más. Jolín lo que pesaba la saca a medida que iba metiendo cuerda. Jota me dio luego el relevo y se desinstaló su parte de instalación. Deshicimos nuestros pasos en la mina y sobre las 21:00 llegamos a los coches donde nos esperaba Jesús con ilusión. Intercambiamos anécdotas con alegría y pusimos fin a la aventura con una riquísima cena. Sin duda fue una jornada increíble, un esfuerzo que merece la pena y una total satisfacción por mi parte. Tranquilo Jesús, que volveremos.

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