Trasteando por el monte un día cualquiera
José Luis Arias y F. Javi Rejos
A principios de año, un día de diario, nos juntamos José Luis y Javi Rejos para ir a pasear por la zona, por aprovechar el sol que hacía esos días. De paso, intentaríamos “huronear” un poco en distintos puntos donde Jose tenía puesto el ojo, pero sin intenciones de mancharnos mucho, no era ese el plan.
Tras un cafecito en Cifuentes alcanzamos la zona y empezamos en las cercanías de Ruguilla y Sotoca de Tajo. Hay por allí, en los altos, unos abrigos sugerentes, así que dejamos el coche y empezamos la ruta ascendente.
| Una vista del paisaje, la cornisa rocosa y el primero de los abrigos visitado |
Muchos de esos abrigos fueron utilizados en el pasado para guardar ganado, fueron perimetrados con muros de piedra y venían a ser parideras, pero sin techo porque ya lo proporciona la cornisa rocosa.
Encontramos varias de estas antiguas construcciones y abrigos, tomamos nota y documentamos cuatro, pero ya en el alto pudimos apreciar la presencia de múltiples abrigos, quizá cavidades más importantes, en los rebordes rocosos de los altos en el barranco de Ruguilla. Habrá que ir otro día a echar una ojeada también a esa parte.
| Muy frecuentemente los abrigos eran utilizados como parideras, con su muro perimetral y puerta de acceso |
| Resulta interesante en estos abrigos la presencia en los techos de nidos de algunas aves como la golondrina común |
| O la golondrina daúrica, como en esta fotografía. Véase la curiosa forma del nido de barro, con conducto de entrada |
Casi todos los abrigos se abren arriba, cerca de los llanos superiores, y es destacable que se abren en cornisas tobáceas, se aprecian las huellas de las plantas en las que se depositaron las tobas. Otros estratos son de conglomerados y areniscas con matriz carbonatada.
| Algunos abrigos son más humildes, en el interior de este se habían refugiado, por la huellas, mamíferos ungulados (no me refiero al de la foto, que es de otro grupo de mamíferos...) |
| En esta fotografía se pueden apreciar las tobas y otros sedimentos. La cornisa superior suele estar constituida por estos materiales y es en ellos donde se abren los abrigos |
A la vuelta podemos observar una de las masas de yeso que afloran en el territorio, yesos que fueron aprovechados por los lugareños para fabricar material de construcción, al parecer lo extraían a cielo abierto y no horadaron minas como en otras partes de la provincia.
| Los cantiles junto a la carretera son de yeso, ahí hubo una mina a cielo abierto para extraer el mineral que, una vez procesado, serviría para la construcción en los pueblos cercanos |
Toda esta parte del territorio son materiales del Cenozoico, con poco interés desde el punto de vista espeleológico porque es difícil que allí se abran cavidades grandes.
Sin embargo, las masas y cornisas de tobas podrían darnos alguna sorpresa, y en cualquier caso esos abrigos poseen interés, si no espeleológico, sí etnológico por el uso tradicional dado.
| Detalle de la cornisa rocosa, se ve muy bien el estrato tobáceo (arriba) y otros sedimentos como los conglomerados (debajo) |
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| Vista del paisaje del valle entre Ruguilla y Sotoca de Tajo, en el horizonte se quieren intuir las cumbres de las Tetas de Viana |
Nos dirigimos ahora al estrecho rocoso antes de alcanzar el pueblo de Huetos, lo que llaman El Angosto, junto a la carretera.
Se trata de roquedos compactos, son rocas del Mesozoico, calizas y dolomías con muy buena pinta, las mismas de las parameras del Alto Tajo.
Nuestra intención es acercarnos, catar la base de los roquedos donde podría abrirse algo de interés, aunque haya que desobstruir.
| Paisaje de El Angosto, véanse las paredes rocosas que franquean la carretera. Se trata de rocas carbonatadas cretácicas |
Sin embargo, misión imposible. La base de los roquedos es inaccesible debido a la densísima masa de espinos, especialmente zarzas, que los custodian. Será obligado acudir con herramienta adecuada para abrir paso (podones, hoces, etc.).
| A través de las infranqueables espesuras de espinos y boj podemos intuir la presencia de algunas oquedales, quizá entradas a cavidades. Es obligado armarse de podones y hoces para penetrar |
Continuamos, queremos ir ahora a un barranco con grandes abrigos, también en roca compacta, lo que llaman Los Bodegones. Se sitúan cerca del camino que va de Huetos a Canredondo, un camino carretero que nos obliga a cambiar de vehículo, porque el resbaladizo barro y las roderas que hay auguran atascos y problemas si subimos con los coches normales.
Por fortuna Jose tiene allí otro coche capaz de subir por los mismísimos roquedos, así que nos vamos a por él y de este modo podemos llegar sin problemas.
Alcanzado el vallejo donde se abren las cavidades dejamos el coche y subimos caminando. Se trata de un barranquillo muy estrecho y encajonado y el GPS graba datos dispares, como pudimos comprobar más tarde en casa, no le llega bien la señal y arroja evidentes errores, pero al menos tenemos datos aproximados y al fin y al cabo el barranco no ofrece posibilidad de pérdida.
El vallejo es una maraña endemoniada de arbustos, por fortuna no hay muchos espinos, pero las masas de boj, las encinas y otras plantas nos hacen avanzar como si fuéramos jabalíes o venados, y de hecho vamos aprovechando las sendas que ellos han ido haciendo.
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| La fotografía ilustra la espesa cubierta vegetal del fondo del barranco, podemos avanzar gracias a las sendas practicadas por jabalíes y venados |
Alcanzamos varios de esos grandes abrigos, alguno con restos de muro (al parecer en su día fue también paridera). Vamos documentándolos y echando una ojeada.
| Algunos, como este de arriba, presentan restos de muros, evidentemente también se guardó allí ganado al resguardo del techo rocoso |
Destacan los dos de más arriba en el barranco, en su margen izquierda. Se abren como anchos abrigos que se continúan un tanto en forma de laminador, y presentan viejos espeleotemas (columnas, calcificaciones, etc.), y algunos pequeños rezumes.
| Aspecto de algunos de los abrigos en la margen derecha del barranco |
| En alguno rezuma agua del suelo y paredes |
| Poseen restos fosilizados de espeleotemas: columnas, coladas colgadas... |
| Su aspecto suele ser el de un laminador que se hace impenetrable en el su fondo |
| Una columna más viva, por ella rezuma y baja un hilillo de agua |
No podemos evitar colarnos arrastras en algún agujero, que finalmente no nos lleva a ninguna parte.
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| Conductos entre capas, finalmente impenetrables |
Aunque son amplios y grandes (de ahí lo de “bodegones”), en la media docena que pudimos estudiar no hay desarrollos significativos y no vemos continuidad evidente.
| Alguno de estos abrigos es bastante espectacular |
Abandonamos ya el barranco y de vuelta al pueblo nos detenemos para ir a ver el Covacho la Zorra, una sima en la cual los del pueblo tiraban algún animal que se moría.
Jose ya tiene ubicado el lugar, una masa de piedras que perimetran la sima original, la cual está actualmente colmatada de sedimentos y tapada.
No parece que allí haya posibilidad alguna, no hay indicios claros de que allí hubiera sima.
| Esta especie de hoyo rodeado de piedras podría ser la sima que buscamos, pero no parece que allí hubiera nada significativo... |
Sin embargo, algo más abajo hay un hundimiento, un pozo bastante amplio, de unos 5 o 6 m de diámetro y similar profundidad, que es mejor candidato como lugar para arrojar los animales muertos, y es posible que los lugareños se refieran al mismo y no a ese pequeño muro de piedras. Sería conveniente preguntar a los mayores a ver qué pueden decirnos.
| Este otro hundimiento, muy cerca de lo anterior, tiene más pinta de ser el que se utilizó para arrojar los animales muertos. Sus paredes son terrosas, no hay roca evidente, desciende entre 6 y 7 m |
Todo apunta a que este pozo se produjo por hundimiento de algún hueco subyacente. Las paredes son de sedimentos terrosos y no roca, salvo algún pequeño afloramiento aparentemente margoso (lajas de roca blanda), aunque habrá que bajar para estudiarlo y estar seguros.
En su fondo crece un cerezo bastante grande cuya copa sobresale, y hay también un pino muerto. Por el tamaño de estos árboles podemos intuir que el hundimiento lleva ahí décadas, sin poder precisar cuándo se produjo, pero si es el lugar donde se arrojaban los animales muertos, sería conocido de hace muchísimo tiempo.
Damos por acabado el día de exploración y tras comer en el pueblo nos marchamos rumbo al embalse de La Tajera. Por el camino pudimos ver numerosos ciervos y corzos. Finalmente, tras una parada en el muro del embalse donde se contempla un magnífico paisaje, ponemos rumbo a casa muy satisfechos del día de paseo por el monte.
José Luis Arias y F. Javi Rejos


