Cueva de Conventosa

A las 10:00 de la mañana ya estábamos listos el grupo de Espeleólogos para marchar a la cueva que teníamos asignada, pero tuvimos que esperar al menos 15 minutos para poner todo a punto. Nada más realizar la salida del albergue, apenas andados unos 300 metros, encontrarnos una serpiente o culebra por el camino y uno de nuestros integrantes tuvo que volver a desenchufar el teléfono, pues su carga ya había terminado, mientras tanto, Santos examinaba la culebra y nos contaba el gran número de serpientes que tiene expuestas en su casa.

De nuevo con la incorporación de nuestro compañero iniciamos el camino para desviarnos a los pocos metros por un camino que se alejaba de la carretera para adentrarse en la montaña y acortar el camino de acceso hacia la cueva. En la parte más alta de camino nos cruzamos con un grupo de chicos que preparaban a unos niños para la realización de la visita de la cueva, surgiendo entre nosotros comentarios, “si los niños pasan, entones yo también”.

Para cuando nos estábamos  acercando a la boca de la cueva el calor ya formaba parte del equipaje de mano que nos acompañaba e incomodaba por cada paso que dábamos, hasta que a escasos metros de la entrada fuimos sorprendidos por una fuerte ráfaga de viento frío que nos daba la bienvenida a la Cueva de Coventosa.
El fantástico equipo que formaba esta expedición era el siguiente: Toño (El Explorador) siempre iba a la cabeza y aparecía y desaparecía de un tramo a otro; Ismael (El de la cámara) abría la expedición y tomaba constancia de todos esos momentos que eran dignos de recordar; Rafa (El de la saca) mi saca no me la quitaba nadie, era mi deber llevarla de ida y vuelta, además de ser un fabuloso colchón para todas las culadas que me pude dar; Nacho (El Diestro) que con su tranquilidad, apoyo, habilidad y paciencia acompañaba a Mª Jesús y otros en la travesía programada y pasos en los que era necesario una voz tranquilizadora; Santos (El Fuerte) el que subía, bajaba y sujetaba a otros con sus brazos como arneses de acero; Motse que era la que cerraba grupo y divulgaba una gran tranquilidad con todos los movimientos que realizaba; y por último, Mª Jesús que estaba realizando las prácticas del curso, además de proponer planes nocturnos para conseguir el diploma.
Nada más entrar en la cueva y adaptarnos al ambiente fresco tuvimos que realizar el primer tramo de pasamanos que nos daba acceso a un primer descenso de escasos metros, paralelos a una escala de madera -“daba una gran seguridad”- para descender a un largo pasillo que daba entrada a la Sala de los Fantasmas (que iríamos en último lugar) y hacia el otro lado, nos llevaría de camino hacia nuestro largo camino a los lagos. 

Tras realizar de nuevo una subida de nivel llegamos a un tramo que fue necesario la habilidad de gateras o cualquier otra modalidad que nos permitieses pasar hacia otro nivel, a través de un descenso un tanto inclinado que nos ayudábamos de un pasamanos.

Tras realizar las primeras esperas el mejor tema para hablar y pasar el rato era de aquellos bocadillos que nos esperaban en la comida, aunque Ismael se decantaba por llevar una bolsa con el bocadillo dentro y llevarse un bocado por cada espera.

Continuamos nuestra travesía a través de varios pasamanos para finalmente llegar a uno de los primeros lagos, muy similar a una piscina natural, muy apetecible pero con una trampa, estaba el agua helada. Este lugar será también recordado por Santos, ya que optó por dejarse los guantes a la espera de su regreso.
  
Tras pasar esta pequeña laguna avanzamos tanto como pudimos, pero ya sin la ayuda de las cuerdas y equipos individuales, lo único que nos quedaba era el apoyo de los unos hacia los otros.
Más adelante, decidimos comer en un lugar un tanto curioso del que no podemos mostrar, se trataba de una especie de depósito de conchas que se encontraban adosadas a la pared y que creaban una especie de sala recubiertas de estos.

Tras realizar la comida tomamos de nuevo el retorno para dirigirnos hacia la Sala de los Fantasmas, lugar espectacular con sus grandes formaciones que maravillaban  a cualquiera que hubiese accedido a ella, encontrándonos en cualquier sala algo que nos hacía maravillar desde un portal de Belén hasta cualquier formación natural que nos permitía fantasear sobre lo que pudo ser en algún momento y que solo nosotros estamos pudiendo ver.

Finalmente, tras esta gran aventura regresamos hacia la salida para imortalizar esta visita y que en otros momentos podamos repetir y volver a profundizar para poder encontrar nuevos caminos y cavidades que por un momentos pudieron estar inundadas y que por nuestro regreso se abra una nueva estancia.

Y por último, lamento la espera de esta crónica, a la vez que espero que sea de vuestro gusto.
Saludos a todos y a repetir estas aventuras.

Rafael Acedo

3 comentarios:

  1. No te lamentes por tardar en escribir la crónica, pues has sido el primero en publicar la salida de curso a Cantabria.
    Por cierto, buena crónica.

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  2. Qué chula la sala de los fantasmas... ¡Yo quiero ir!

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  3. Me alegro lo hayáis pasado bien y hayáis disfrutado con la visita. Espero que esto os anime a descubrir mucho más por cualquier sitio.
    Además con ese equipo de monis que llevabais una gozada. Qué grandes.
    Ya sabéis... nos vemos en los bujeros.

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