miércoles, 10 de agosto de 2016

Cueva Fresca

FECHA: 23-julio-2016
PARTICIPANTES: Jesus, Irene, Paco, Santos, Nacho y Esthela

Después de un buen desayuno… Jesús, Irene, Paco, Santos, Nacho y yo nos pusimos en movimiento, cogimos los coches desde el albergue hasta las Casucas de Marga para comenzar desde allí la aproximación. 
Por fin llego el día, íbamos a iniciarnos (los nuevos abismeros) en nuestra primera gran cavidad de Cantabria “que ganas”.



Nos pusimos todo el material y al lío, Cruzamos el río, que no el puente :P para coger el sendero que iniciaba el ascenso a la boca de la cueva, dudamos unos segundos… por aquí por allá, hasta que Jesús encontró el camino de subida correcto. Ya en la boca de la cueva, las fotos de rigor un poquito de agua y a por ella….



Pasamos los laminadores de la galería de entrada y el resalte de 3 m que conecta con el cañón de exploración, donde no pasaba desapercibido el aire fresquito  (aquí comprendimos el nombre de la cueva)



Continuamos pasando varios pasamanos uno de ellos para librar el desfondamiento del bloque 64, y llegamos al paso del tracastín donde aquí cada uno lo pasaba como podía, abierto de piernas o si no llegabas dejándote colgar del pasamanos.

Llegamos a la encrucijada de la araña y mientras Jesús instalaba la cuerda que nos serviría para la vuelta por el cañón de Eboulis, los más lentos fuimos aprovechando para ir pasando el gran pasamanos de la encrucijada y poder así continuar por el mismo nivel superior.



Avanzamos por la gran 5ª avenida donde llegamos a la gran Sala Rabelais donde comimos con alguna que otra historieta divertida de Santos ;)



Nos pusimos de nuevo en marcha y continuamos por el gran Cañón Rojo, donde nos costó alguna que otra vuelta encontrar el paso que enlaza al nivel inferior con el Gran Atajo.  Subimos una rampa escalonada, donde aparece una instalación en fijo que nos facilita bajar a las gateras que conectan con el nivel más inferior de la cavidad, el Cañón de Eboulis, hasta encontrar la cuerda que anteriormente había instalado Jesús. Tranquilamente fuimos subiendo uno a uno, acompañados de unas “dulces melodías”…

Deshicimos todo lo andado, y llegamos a la salida, donde algunos decidieron salir por la otra boca, menos Paco y Nacho, que no les apetecía arrastrarse más y salieron por la de entrada.

Desde aquí ya solo quedaba bajar "campo a través" para llegar a los coches, quitarnos el traje de faena y tomar rumbo al albergue, donde nos esperaba un buen cocido montañes para recuperar energías.

Una gran experiencia con muy buena compañía.




Esthela Sánchez