lunes, 3 de octubre de 2011

LA CUEVA DEL TORNERO - Días 3 y 4/09/2011



LA APROXIMACIÓN
Reunidos en el club hacia las 08:00, valoramos nuestras posibilidades, pues a Toño le llovía a cántaros mientras venía, y conocida es la actividad hídrica de la cueva. Decidimos seguir adelante, pues para el Alto Tajo sólo se prevén lluvias escasas por la tarde, y siempre podremos disfrutar de la cueva evitando los sitios críticos.
Ya en Checa nos desviamos al Arroyo de la Pedrera, que es el que discurre por el pueblo. Merece la pena detenerse en el magnífico edificio tobáceo junto a la Ermita de San Sebastián. A poca distancia se sitúan, según el catálogo provincial, las cuevas de Genitoris, del Gorrino, y en el propio conjunto de travertinos, la cueva de Aguas Peñas.
Masa travertínica junto a la Ermita de San Sebastián

Subimos hacia el Hoz Seca y alcanzamos el collado donde vemos el Polje del Cubillo, depresión que drena las aguas rumbo a la red de El Tornero. Nos desviamos a la derecha, un cartel indica la ruta hacia la cueva. Avanzamos por los altos hasta asomarnos al valle del Hoz Seca en el Puntal del Acebo, donde dejamos el coche.
Preparado todo el equipo necesario, unos 15-20 kg cada uno, comenzamos el descenso buscando un lugar adecuado para salvar los acantilados, y lo conseguimos avanzando en zigzag de repisa en repisa, destrepando sin la mochila los resaltes más complicados. El paisaje del Hoz Seca es desde aquí impresionante.

El Hoz Seca desde arriba
Alcanzado el río, seco, una senda bien aparente en la margen derecha nos lleva a la cueva, que alcanzamos hacia las 11:30.
La entrada, muy grande, da paso a un amplio vestíbulo donde nos instalamos para la próxima noche, cuando salgamos de la cueva. Las paredes son una guarrería, repletas de pintadas.

PREPARACIÓN DE LA VISITA
Mientras comemos planeamos la exploración, estudiando las tres topografías que tenemos. La de S.I.E. (1967, 3150 m) describe detalladamente el primer tramo. Describe bien El Laberinto y la Galería de la Virgen, famosa por sus formaciones. Otra, la más larga, es la del G.E. MINAS (1968, 11000 m), pero la copia es tan reducida y simplificada que sólo indica la presencia y rumbo de las galerías. Los planos pueden obtenerse desde la web del Club Viana.
Además disponemos de un plano inédito de LOBETUM (1980, 7254 m), aunque le falta el último tramo de la gran Galería Oeste (D5). Como el tiempo no es malo y no parece que vaya a llover ni producirse tormentas, intentaremos avanzar por la galería D5, que posee actividad hídrica estacional llegando a sifonarse, tanto como podamos. La idea es avanzar más allá del enlace de la Galería Oeste tanto como podamos, pues es una parte que no conocemos. Al efecto el último plano resultará muy útil.

YA EN LA CUEVA
Hacia las 12:30 h entramos hacia la galería principal. Se accede por una gatera donde se percibe una suave corriente de aire. La principal es muy amplia y se progresa cómodamente y con gran rapidez.
Dejamos a un lado algunos ramales, incluido el acceso hacia el Sifón Mari Carmen, alcanzando El Laberinto. Aquí hay bastantes formaciones: macarrones, coladas, suelos concrecionados, gours, y la famosa estalagmita que, desde ciertas perspectivas, recuerda a una escultura de la virgen clareando en la penumbra.
Toño junto a La Virgen
El recorrido hasta aquí está balizado con carteles, con catadióptricos, indicando el punto en que estamos y la distancia (o tiempo) hasta otras partes. Su objeto debe ser el evitar despistes o extravíos de visitantes inexpertos.
Coladas en El Laberinto
Hacia las 13:50 h, tras disfrutar de esta parte tan bonita tomando numerosas fotografías, vamos a la galería D5. Es la única a la izquierda desde la D1 y en su entrada está marcada. Descendemos al Sifón Rosi. Pasamos casi sin mojarnos, sólo alguna bota acaba inundada al pasar agachados por el agua. El segundo sifón está seco.
Desde aquí se inicia un sube-baja a través de una galería muy cómoda y rápida, en pie con la saca a la espalda, salvo para superar algún resalte, o por rebajar su techo puntualmente, debiendo agacharnos.
Al rato alcanzamos un punto singular, la galería asciende bruscamente y hay que trepar de repisa en repisa entrando en un estrecho meandro de marmitas repletas de pequeños cantos cuarcíticos, brillantes y pulimentados. Las pareces están esculpidas a golpe de gubia, y hay marcas de oleaje en la arena, lo que nos indica que aquí hay actividad hídrica ocasional. Una lata incrustada varios metros sobre nuestras cabezas provoca cierta inquietud al pensar en la hipotética carga de la cavidad.
Seguimos, el sudor corre por nuestros rostros, avanzamos como balas, mas con prudencia y seguridad, pues son numerosos los pequeños resaltes, y las aristas de algunos tramos podrían ser causa de algún mal golpe.
A las 14:50 h nos encontramos de repente en la bifurcación de la Galería Este y galerías F. Hasta aquí habíamos llegado las últimas veces.
En el enlace con la Galería Este
Descansamos y tomamos fuerzas, evaluando las posibilidades delante de las topografías. Nos sentimos bien y animados a continuar, por lo que avanzaremos por la galería D5, que más allá toma el nombre de Galería Oeste (MINAS).
En los primeros tramos es angulosa y áspera, abundan las aristas y predominan los tonos oscuros, casi negros. Hay un tramo con muchos cantos rodados negros y brillantes como el azabache, soldados al suelo. El negro lo da una fina pátina de algún precipitado mineral, volviéndolos relucientes como espejos.
Cantos rodados negros como el azabache
La progresión es muy dinámica. Subimos y bajamos continuamente salvando desniveles considerables. En el ascenso son frecuentes los resaltes a trepar (hasta 4 y 6 m), para encontrar al rato bajadas, ahora en forma de rampas por las que nos tiramos a saco descendiendo como balas, auténticos toboganes de grava y arena.
Casi sin formaciones, salvo alguna puntual, a tramos el conducto adquiere forma de meandro entre marmitas, algunas llenas de agua verde azulada. Son frecuentes las formas de erosión propias de las cavidades activas: golpes de gubia por doquier, secciones casi cilíndricas, ocasionalmente paredes estriadas verticalmente.
"Tubos" esculpidos a golpe de gubia
A veces aparecen la arena y el barro, con evidentes marcas del agua (ripples u ondulaciones), y mostrando las huellas de dos exploradores que avanzaron por allí.
De repente nuestro avance se detiene: un amplio y hermoso pozo de 6 m, limpísimo, resulta infranqueable. Demasiado amplio para intentar un arriesgadísimo descenso a oposición, y en cualquier caso el ascenso resultaría muy complicado. Al fin y al cabo no somos arañas.
Decididos ya a retroceder, estudiamos el terreno para instalarlo en una próxima visita. A unos metros hay aristas, potenciales anclajes naturales. Al acercarnos descubrimos un estrecho conducto descendente que se dirige a la base del pozo.
El limpísimo P.6 visto desde abajo
Lo valoramos, parece fácil. Finalmente Javi inicia el descenso comprobando que es bastante cómodo, situándose rápidamente en la base del pozo, y Toño baja detrás sin dudarlo.
Toño atravesando el conducto
Abajo ya no hay huellas, nuestros predecesores debieron volverse. Continuamos por otro largo tobogán, el techo muy bajo, tanto que hemos de deslizarnos tumbados con la cara casi tocando el techo. Nuevo ascenso atravesando galerías casi circulares, auténticos tubos de presión. Son tan limpias y pulidas que da miedo pensar lo que deben ser cuando la cueva está en carga.
En un punto la galería se bifurca en un “doble tubo” volviendo a fundirse los conductos a poca distancia.
El "doble tubo"
Alcanzamos un nuevo ascenso, más sucio, con un caos de bloques embarrado, y finalmente otra rampa descendente, muy empinada. La arena y gravilla prácticamente la ocluyen transformándola en un laminador muy, muy bajo. Continuar no es imposible, pero exigiría ir abriéndonos paso en el descenso. Asomados, una brisa bien perceptible sube por la galería laminada, poniéndonos los dientes largos y alimentando todo tipo de suposiciones.
La última rampa casi impracticable...
Ante el plano de LOBETUM deducimos que estamos a unos 200 m de su final, pero el de MINAS continúa bastante más hasta el sifón final. Son las 16:30 h y pensando en la vuelta, con los numerosos resaltes y rampas que deberemos franquear, decidimos dejar aquí la exploración, pensando ya en avanzar más en la próxima ocasión, conocido ya el terreno.

LA GALERÍA ESTE
A las 18:30 h alcanzamos la bifurcación de la Galería Este, que por poco pasamos de largo. Como hemos dejado a medias la galería larga, vamos ahora a visitar la zona fósil.
Se accede mediante una trepada. Al principio es muy amplia, seca y bastante descompuesta, y allí se ubicaba el campamento que montó MINAS en sus exploraciones, hace ya 40 años.
Galería Este en su inicio, el campamento de MINAS
Atravesamos alguna zona caótica y erramos el rumbo entrando en un conducto ciego lateral. El camino es ascendiendo por la izquierda un alto resalte, con algún paso algo delicado.
Continúa ente bloques y afiladas aristas que amenazan nuestros monos, ofreciéndonos aquí y allá algunas dificultades y sufrimientos que Javi no recordaba: laminadores, estrecheces, arrastreros sobre cantos angulosos, barro y agua... y más allá una galería meandriforme con grandes charcos en el suelo, franqueados por hermosos bordes calcificados, por los que avanzamos intentando no romper ni manchar nada.
Galería Este: suelos calcificados
Hacia las 19:50 h, la galería nos invita a arrastrarnos por el barro y, ya cansados, decidimos no acceder y dar la vuelta. Nos hemos quedado a unos 150 m del final.
Alcanzamos el Campamento, ya casi estamos de vuelta en la D5 y avanzamos confiados. Terminamos a gatas y diciéndonos que no recordamos esa parte, que se continúa en un conducto estrecho en roca viva. Para comprobar la ruta, Javi se adentra en el conducto hasta que éste se descuelga varios metros en una diaclasa más amplia. Es evidente que no hemos venido por allí. Decidimos retroceder al Campamento y reorientarnos. Al salir hacia la galería amplia nos damos cuenta que la conexión está allí mismo, simplemente habíamos pasado de largo.
Retrocedemos a escape, hasta que la galería se transforma en meandro estrecho y se desfonda de repente en un salto de unos 10 m. Otra vez nos preguntamos lo mismo: “¿hemos subido por aquí?”. Parece que no, que no hemos trepado tanto ni tan vertical en ningún momento. Según la topografía no hay otra posibilidad y antes de retroceder decidimos bajar y comprobar la ruta.
Baja destrepando Javi y encuentra nuestras pisadas, esta es la ruta. Al subir de nuevo comprueba que el ascenso lo hicimos entrando por el meandro, de modo que el resalte se supera escalonadamente sin darnos cuenta de sus dimensiones reales, mientras que a la vuelta es fácil mantenerse en un nivel alto de modo que al final, de repente, nos encontramos el impresionante descuelgue (R.10).
Queda demostrada la veracidad de la máxima espeleológica que afirma que el camino es bien diferente entre ida y vuelta, razón por la cual durante la exploración se debe mirar hacia atrás con frecuencia, para tener una idea de lo que iremos encontrando al volver.
Tras el percance avanzamos sin pérdida hasta alcanzar El Laberinto, dirigiéndonos ya hacia la salida mientras vamos haciendo algunas fotografías más. Alcanzamos el vestíbulo hacia las 22:40 h.
EL VIVAC Y EL DÍA SIGUIENTE
Nos cambiamos de ropa y cenamos un poco mientras comentamos la incursión, sentados cerca de los sacos ya preparados, que parece que nos llaman. Ya calentitos en su interior, contemplando las estrellas más allá del perfil de la entrada, seguimos charlando hasta quedarnos dormidos.
Nuestro estupendo alojamiento
Dormimos de maravilla, ¡lo que hacen 10 horas de trajín espelológico! Tan sólo un ratoncillo sinvergüenza nos ha despertado hacia las 06:00 h, teniendo que colgar la comida de la pared, no fuera a roer alguna mochila buscando el pan.
En la mañana temprano permanecemos dentro del saco un buen rato, pues se está de maravilla y el fresco matutino no apetece. Aprovechamos para decidir lo que haremos hoy.
Sintiendo el cansancio de ayer, las agujetas (Javi dice que tiene hasta en el casco), y que los monos y ropa siguen calados, decidimos renunciar a la exploración, haciendo firme propósito de volver en un futuro no demasiado lejano.
Finalmente paseamos por el exterior, disfrutando del impresionante paisaje, acercándonos a la surgencia que conecta con el Sifón Mari Carmen. El nivel del agua es muy bajo, del sifón queda ahora un lago y hay conexión aérea con el interior de la cavidad.
El Sifón Mari Carmen, desde el exterior
LA VUELTA AL COCHE
Cargadas otra vez las mochilas, iniciamos lentamente la vuelta. La impresionante cuesta arriba no nos desanima, vamos descansando cada poco, charlando sobre el territorio y sus hipotéticas cavernas inexploradas.

Desde el pie de los cantiles, el Hoz Seca aguas abajo
Alcanzamos al fin el coche. Hemos tardado alrededor de hora y media, sin cansarnos mucho.
Pero, antes de tomar el rumbo a casa, recorrimos los llanos de las Hoyas del Tardajo, a la busca de una supuesta sima, que no fuimos capaces de encontrar. Pero sobre la Sima de la Hoya del Tardajo y otras cuevas cercanas al Tornero hablaremos un poco más extensamente en un futuro próximo.

Toño y Javier Rejos