domingo, 6 de septiembre de 2015

Travesía Cueto-Coventosa (22 de agosto de 2015)

Dicen que la ocasión la pintan calva, y esta no iba a ser menos, un comentario y un intercambio de opiniones serían suficiente para encender la mecha.
A las 7:30 h. salimos de los coches vestidos para la ocasión, Mari Carmen tomaba buena cuenta de los horarios estimados, nos hacía la foto de rigor y desaparecía con su auto carretera abajo.

                El camino sólo tenía un pero, el día había amanecido algo nublado, empezamos a subir y nuestros temores ante una posible demora para encontrar la boca se desvanecieron rápido, poco más arriba superamos en altura ese mar de nubes que nos dejaba una bonita estampa, una mañana fresca y un Jesús Canfranc que ahora sí que no albergaba ninguna duda, (si es que en algún momento la tuvo), de cómo llegar a destino.


                Le acompañábamos Toño, Jesús (moraleño) y el que escribe, mencionar aquí las no pocas veces que salió a relucir el nombre de nuestra compañera Montse, una faena no poder contar contigo en el último momento, se te echo de menos, como también se echo en falta a otras personas que no han podido estar, pero bueno, aquí hemos dejado la cueva en su sitio para otras ocasiones.
             Y llegados a la boca de entrada, ahora que la travesía está ya consumada, y sin entrar en pormenores, destacar que tal y como se ha mencionado ya en alguna que otra crónica colgada en internet, es sin duda una travesía exigente tanto físicamente como a nivel técnico.
                La Sima de Cueto, como ya es sabido, te da la bienvenida a los pocos metros de entrar con uno de los pozos más profundos de España (Pozo Juhue) de 317 metros, que se baja prácticamente en su totalidad. A los 302 metros encadenamos una serie de pozos hasta descender un total de 581 metros.

                La verdad es que a pesar de las cifras, la seguridad que da encontrársela instalada en fijo, sin temor a ningún enganchón al recuperar, así como a simple vista, la buena pinta que tienen las reuniones instaladas en 2010, hacen que sea posible disfrutar plenamente del descenso; el pozo del oso fue únicamente donde tuvimos que instalar, para evitar una flor y algún que otro enganchón que tenía la camisa de la cuerda ya puesta.
video

Una vez en la base de los pozos nos adentramos sin perder un instante por las tremendas galerías, se agradecen muchísimo los reflectantes e hitos que marcan el camino, nuestras luces muchas veces no reflejan las paredes o el techo, y son innumerables la cantidad de bloques que se tienen que sortear hasta llegar al oasis. Aquí dos envases de plástico prácticamente vacíos dan buena cuenta de lo transitada que está siendo la cueva últimamente.
                Apenas unos metros más adelante y por evitar juntarnos mucha gente en un sitio relativamente reducido, (destacar que coincidimos con otro grupo de Segovia), pues eso apenas unos metros más adelante, por fin paramos a comer, y digo comer y se acabó, que por Dios, ¿es que nadie se dio cuenta de que se nos olvidó cenar?. En fin lo cierto es que no es una travesía donde se deba ir parando en exceso, cada centímetro de topo pasa factura y cada hora que pasa se deja notar.
Bajado el pozo de la Navidad, pasamos a la red intermedia, las dimensiones se reducen a la vez que "por lo general" se van haciendo algo más cómodas, algunos resaltes, desfondes, oposiciones, fotos y demás, el avance es rápido y entretenido.

                Si que recuerdo como anecdótico las expresiones del que eventualmente pudiésemos ir en cabeza en algunos puntos concretos, hay tramos que ya no sabe uno ubicar muy bien, (posiblemente algunos de ellos por la galería de las  inglesas), en las que se oposita de todas las formas posibles y se pasa alguna que otra penuria, quizás sobre todo debido al cansancio ya acumulado.
                En el pozo de la Unión descansamos un cuarto de hora, aprovechamos para beber agua y llenar una botella de un par de litros.
                Del siguiente tramo, lo que se hace difícil de olvidar es sin duda el agujero soplador, esa angosta diaclasa de 17 metros de largo y cuarenta centímetros de ancho en el que el aire cobra protagonismo. La cabeza de lado, el descendedor en el cabo corto y la saca entre los pies dirigida como buenamente puedes,... es divertido que diantres. Éste, la tirolina y cruzar los lagos consiguen que termines con satisfacción la travesía. Cansados pero contentos. Los lagos, por cierto, con algo de carga, lo suficiente como para saborear la adrenalina, bastante más que el día anterior cuando mis compañeros pasaron los neoprenos -millón de gracias chicos-, pero sin riesgo y peligro todo hay que decirlo.

                De los lagos en adelante el camino es ya un viejo conocido. Cansados, muy cansados eso sí, era el momento de ir cargados hasta arriba, algunos con dos sacas, otros con todo embuchado en una. Eran las dos de la madrugada, dieciséis horas y media después el fresquito de la noche se dejaba sentir, media hora más andando hasta el albergue y todo había acabado. Felices, cansados pero contentos, muy contentos.
                    Mil gracias compañeros por hacerlo posible, por vuestro apoyo y ayuda.

Ismael Luengo