lunes, 28 de septiembre de 2015

Persiguiendo el aliento de un abismo

Breve crónica sobre una conejera sopladora

Bueno. Henos allí Jesús y yo con la idea de abrir la entrada de una gran caverna sita ni más ni menos que en las cercanías de Cifuentes, a menos de dos kilómetros de la Sima del Fraile... y la entrada impenetrable exhalaba una suave corriente de aire, fresca, muy fresca...


Todo empezó la primavera pasada, cuando llega un día Jesús y nos dice eso típico de. "Que el otro día, haciendo no-sé-qué por el monte, me he encontrado un agujero... que si tal y que si cual... que cuando acercas la mano sientes un aliento frío que sale del suelo..."

¡Ya estaba echada la semilla, el anzuelo o como queráis llamarlo! Ya estábamos alguno con la idea, con la nota en la agenda, de ir para allá con herramienta y lo que hiciera falta, a ver ese soplido.

La cosa se materializó el pasado mes de julio. Un día libre que coincidimos, una sugerencia: "Oye, ¿y si vamos a ver la cosa esa de Cifuentes?", y una respuesta "Vale, yo llevo la nevera llena de cerves, que va haciendo calor". En fin, nada difícil.

Al final, por lo improvisado del asunto (y quizá también porque no estaba claro si aquello era algo o no), solos Jesús y yo, cargados de herramientas diversas, pues había que desobstruir -cómo no- a ver si aquello da entrada a los avernos o qué.

Quedamos en el 103, uno viene de Sigüenza, el otro de Guadalajara. Un cafecito, trasvase de trastos y herramientas a uno de los coches, y hala, para el monte de Cifuentes.

Antes de las 10 estamos ya en el monte y junto al agujero exhalador. Cómo no, una conejera, ¡Qué digo, menos, una topera!, en el fondo de un pequeño hundimiento que, eso sí, parece indicar la existencia de un hueco o hundimiento.


Ahí, bajo esa cornisa rocosa del fondo...
Pero cuando acercas la mano al pequeño orificio del fondo... Pues sí, notas el aliento del subsuelo, rápidamente la mano se refresca. Más tarde, mientras trabajábamos en la entrada, los pies cerca del agujero se refrescaban mientras el resto de nuestro cuerpo se recalentaba al sol del verano...

Ahí, en el fondo, refresca...
A la faena, a limpiar de pajuzas y tierra el fondo del hoyo, para poder ver bajo esa roca cómo pinta el tema. Rápidamente podemos valorar el trabajo: Hay que descender para poder meter la cabeza bajo la cornisa, es por allí por donde sale esa brisilla que se lleva el polvo que levantamos al excavar.

El pie se enfría con la brisilla...
Así, dale que te pego, empiezan a aparecer piedras enterradas (lo esperábamos), hay que ir retirándolas. Pero no nos quita el ánimo...


Tras toda la mañana sacando piedras y tierra, ya podemos asomarnos un poco a la izquierda, por donde parece seguir la cosa, y valorar preliminarmente el asunto.

En el interior vemos que todavía hay mucho sedimento, pero ahí está el techo de roca y parece que bajo el mismo hay alguna continuidad. Inevitable, lo de siempre, hay que ampliar y profundizar más.

Primera vista del interior, hay que quitar más
Así, el agujero crece, de vez en cuando hay que ampliar la periferia para poder profundizar más. La mejor manera de desobstruir es cuando el excavador entra dentro de él, aunque alguno resulta algo grande para meterse allí...

Al final mejora la cosa (a base de hacer crecer la escombrera) y ya podemos trabajar desde dentro.


Y por fin asomarnos más convenientemente a ver qué hay ahí ¿se desfondará en un abismo?. Pues no, tras desobstruir la masa que nos impedía ver y valorar... más a desobstruir. Pero tenemos visión de algo más de 1 m, descendente, con piedras y tierra entre las que parece haber huecos. Por alguno de ellos tiene que estar circulando el aire que notamos.

Ya estamos dentro... pero hay que seguir...
En fin, se nos va el día y no hemos logrado entrar a nuestra esperada caverna. Pero al menos tenemos claro lo que hay que hacer la próxima vez: Venir bien provistos de herramienta y recomenzar el trabajo desde fuera, ampliando la zanja hasta que podamos comenzar una desobstrucción ya en el interior, pudiendo por fin comprobar de dónde sale ese fresquito y de este modo completar la desobstrucción hasta dar entrada a la cueva, o en caso contrario, al menos poder desechar el trabajo convencidos de la imposibilidad de acceso a ninguna parte.

Comentario final

Bueno, aunque en esta atacada no lo logramos, el ánimo y la moral permanecen altos y, antes o después, volveremos al ataque (¿no he oído decir los Molareños no andaban detrás de una excavadora de segunda mano?).

Además, entre escombros, tierra, cervecitas y ese vientecillo del agujerucho, alguno de los esforzados desobstructores fue fraguando una idea, o más bien afirmándose en ella pues ya rondaba en su cabeza desde hace muchos meses, fue preparando un plan... Una idea que también tendría que ver con otra cueva ventosa, y que se materializaría pocas semanas después, como ya se ha publicado en este mismo blog....

Hasta la próxima, compañeros....
Jesús Canfrán y Javier Rejos

3 comentarios:

  1. Creo que con la crisis en la construcción, hay muchas excavadoras baratas de segunda mano. El problema es el carnet para manejarlas.

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  2. Bueno, en el caso de Abismo, ¿eso no se consideraría "perfeccionamiento"?

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  3. Dejad que el invierno haga su trabajo y volvereis con ayuda y con barras y herramientas enseñadas.. ;)

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