miércoles, 2 de mayo de 2012

Sopladoras - Cueva del Agua


17 de marzo de 2012

Travesía entretenida y sencilla sin dificultades técnicas excepto los pasamanos sobre alguna marmita que nos interrumpe el camino en su río subterráneo. De todos modos nos movemos en un medio donde no debemos infravalorar los riesgos que siempre existen.


Muy frecuentada por el club desde que la visitamos por primera vez en junio de 2007 (Ver boletín nº 14)      
Hoy somos Ismael, Rebeca, Cuesta, Nacho, Jesús y Manolo, nuestro amigo del Seguntino, los que partimos desde Val de Asón por la poco transitada senda que remonta el salvaje barranco de La Rolacia, entallado profundamente entre los macizos Porracolina y La Colina, este ultimo horadado de Este a Oeste por la cavidad objeto de nuestra aventura. Hasta las cabañas del Chumino nos acompañan María y Paco el Pintor que van a visitar  las galerías de entrada de la cueva del Munío. Al despedirnos salimos del bosque con dirección a la cascada de la Cuesta del Avellano, visible al final del valle. Cruzamos los prados de este pastoril paisaje, salpicado de cabañas. Al ganar altura podemos contemplar una desoladora imagen al encontrarse el margen izquierdo del valle calcinado recientemente, fruto de las llamadas quemas controladas, práctica tradicional muy frecuente en estas fechas con objeto de regenerar pastos. Superamos la cascada por la vieja ruta ancestral al barranco de la Sota, hoy apenas utilizada y prácticamente desaparecida. Caminando por un manto de cenizas pronto llegamos a nuestro destino.

Después de un bocadillo accedemos a la cavidad por la suspendida boca central, hoy más fácil de alcanzar gracias a la cuerda que cae desde arriba. Sin nada que destacar realizamos la travesía sin novedad, salvo algún pequeño despiste en los caos de bloques que cortocircuitan la galería. Solo apuntar que el río que seguimos casi todo el trayecto en esta ocasión va más cargado y como siempre es inevitable mojarnos. Vamos sin prisa y completamos la actividad con unas fotos, para mí en el lugar más bonito de esta cueva, los denominados Rápidos, y poco más adelante en el pasillo inundado, donde el agua nos llega hasta la cintura. En las impresionantes galerías que preceden a la salida nos despedimos de quien ha sido nuestra compañera a lo largo de este viaje subterráneo para ver la luz por caminos distintos; nosotros lo hacemos trepando por unos bloques accediendo al exterior por un modesto agujero en la base de una gran pared, un balcón natural con vistas al valle Asón y el macizo del Mortillano. Ella, “el Agua”, lo hace  unos metros más abajo por la surgencia del sistema formando una cascada visible desde el fondo del valle.

Bajo una fina lluvia iniciamos un cómodo descenso, al encontrarse secos en esta época los helechos por donde bajamos. Perdemos altura suavemente hasta llegar a una canal por la que ahora sí, bruscamente, bajamos hasta el barrio de San Antonio. En fin, un buen día, paseo por el monte y travesía subterránea.

Nos cambiamos y pasamos a saludar a nuestros amigos del hostal Coventosa. Allí nos aguardan María y Paco que también han finalizado su excursión.
Jesús Foguer