lunes, 22 de octubre de 2012

Cuevamur 2012


Esta vez sería diferente. Esta vez iría el primero mostrando el camino. Y eso  significaba hacer mis primeras instalaciones públicas, aquellas de las que colgarían también los demás. Estaba inquieto, claro, pero confiado. Además, tendría ayuda.
Boca de entrada
Un año después de la primera visita, con motivo del curso de este año, volvíamos a Cantabria, volvíamos a Cuevamur. El grupo estaba formado por Rebeca, Manu, Arancha, Paco, Nacho, Nuria, Isma y el que suscribe.
Laminador
Los recuerdos sobre la cueva se difuminaban en el tiempo. Quizás dos por encima de todos, la Gran Sima y el paso estrecho de los Retales. Por lo tanto, todo tenía un encanto exploratorio. Con todo, iniciamos la bonita aproximación a la grande y pequeña entrada de la cueva. Entraríamos en 2 grupos para darnos un poco de margen.
Pasamanos
Para empezar, teníamos el primer pasamanos, donde la principal dificultad tenía que ver con el barrillo de las paredes, el cual impedía un sólido avance. El resbalón en esta zona es inevitable, y es probable que compruebes la seguridad del pasamanos. Así, llegados al primer descenso, decidimos no hacer una nueva instalación  al ver que la que estaba, cuerdas incluidas nos valía. Proseguimos el pasamanos hasta llegar al primer laminador. Aquí no me acordaba de su longitud, y de lo que suponía arrastrar las sacas por él. Pero esto era la ida, la vuelta sería peor. En todo caso, aquí mi pensamiento se cernía sobre la Gran Sima, allá donde tendría que poner toda mi atención.
Bajada a la Gran Sala
Rebeca y yo llegamos primero a la sala principal. Allí comencé mi instalación. Las chapas fueron atornilladas y colocadas según manual, lo mismo los mosquetones. Luego el “Mickey” para el nudo. Después de varias pruebas de tensión, con el visto bueno de mi profe, para abajo tiramos los más de 30 m. Este descenso se caracteriza por el barrillo que envuelve sus paredes, y que también hacen difícil no pegar algún resbalón. Una vez abajo, era el momento de disfrutar el espectáculo de la sima. Las luces esparcidas de los compañeros mostraban la magnitud de la bóveda, las formas, e incluso los colores del lugar.
Sala del Lapicero
Una vez reunidos los primeros abajo, iniciamos la subida a la segunda plataforma. Aquí las huellas marcadas como si se trataran de pasos tallados en nieve dura permitían subir con soltura en un terreno también muy resbaladizo. A continuación proseguimos con la sala del campamento y la sala de la cascada. Aquí los espeleotemas son diversos y numerosos, algunos muy deteriorados por el paso y atrevimiento de la gente.  En esta zona tomamos un primer almuerzo esperando al resto del personal. Seguimos avanzando hasta la sala de los Meandros, una de las partes más excelsas de Cuevamur. Aquí el brillo, color y forma de los espeleotemas sobrecoge al más indiferente. Estalagmitas, estalactitas, excéntricas, banderas, etc. de mil formas jalonan el camino en esta zona. Mientras el grupo se deleitaba y hacía fotos a doquier, aproveché para explorar y encontrar el paso de los retales. El año pasado no nos resultó fácil encontrarlo. Esta vez hubo más suerte.
Paso de los Retales
Y aquí estábamos de nuevo. En esta ocasión no podía esperar a ver como lo hacía el personal, tenía que ir primero imaginando posturas y torsiones imposibles. Cierto es que esta vez me pareció menos claustrofóbico, aunque igual de divertido y doloroso. De todos modos me quité mucho material de encima antes de pasar.
Excéntricas
Una vez que todo el grupo terminó con el circo de los Retales, entramos en el pasadizo que da lugar a la Sala de los Cristales. Este pasadizo, de cuyo nombre no me acuerdo, es una diaclasa espectacular que muestra el paso del agua en tipos pretéritos. Y no menos espectacular resulta la Sala de los Cristales. Aquí tuve varios intentos para encontrar el pasamanos que conecta con la Gran Sima. Esta vez no acerté, y fueron otros los avispados. Esta sala se abre en numerosas galerías laterales que te pueden liar un poco, eso unido a los hitos que se colocan, a veces sin un sentido lógico. En todo caso, si te fijas bien en lo pisado del camino encuentras el recorrido principal.
Este segundo laminador, mucho más atractivo que el primero, resulta más doloroso por las protuberancias del suelo. Aquí la técnica es variada. La técnica del gusano, del lagarto, de la ruleta, del escarabajo, en fin, todas las que se puedan imaginar para no llegar con menos magulladuras de las necesarias.
Una vez desinstalada la Gran Sima, estábamos de vuelta por los pasamanos del inicio y el primer laminador. La salida fue divertida, escuchando los tarareos de Nacho y Nuria, mientras pensaba en el buen rato que habíamos pasado.
Dani Fernández 


Álbum fotos

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