lunes, 11 de agosto de 2014

Trabajos en el Alto Tajo, días 5 y 6 de julio de 2014 (II)


Tras la crónica principal que recientemente presentó Estrella (véase aquí), quedaba el completarla un poco proporcionando algunas notas sobre el avance de las exploraciones, y también ampliar algo la descripción de las cavidades que vamos trabajando.

En esta salida de principios de julio se habían planteado un buen grupo de posibles trabajos, aunque en general la idea era concentrarnos en reexplorar simas ya exploradas en el pasado, algunas muy clásicas como son las Marías y las Chicas, y otras más desconocidas como las simas “C” de Comando, e incluso inéditas como son las simas “K” de Lobetum.

Como coordinador me planteaba jugar, como siempre, entre los trabajos más entretenidos y gratificantes, como pueden ser las reexploraciones de cavidades un poco más grandes, donde además los nuevos instaladores podrían perfeccionar sus conocimientos reequipando e instalando, y otros más ingratos y pesados, como por ejemplo la prospección en busca de nuevas cavidades o la reexploración de simas pequeñas y poco atractivas, a la busca de alguna hipotética –y más bien poco probable- continuidad, y a la par para documentarlas lo mejor posible.

Entre las cavidades más grandes que podíamos trabajar en la zona estaban las simas K-3 (-64), C-21 (-56), la del Cruce (o del Mojón o M-10, -45), Chica III (o María I, -41), Gurri (-38), K-1 (-26), María III (-25) y la del Puntal (-25).





Otros posibles objetivos eran la prospección, terminar las topografías y exploración de algunas simas descubiertas recientemente, y reexplorar otras cavidades, más o menos conocidas, del entorno de las grandes mencionadas antes.

Finalmente y ya sobre el terreno, decidimos dirigirnos hacia el Camino de los Madereros, hacia el extremo oriental de la zona que trabajamos, entre los términos de Peñalén y Zaorejas. Allí se sitúan varias de esas simas de mayores dimensiones, concretamente las simas K y la C-21.

Sábado 5 de julio

El sábado acometimos los trabajos en la sima C-21, y mientras un equipo está en ella, el otro reexplora algunas pequeñas cavidades de las cercanías, concretamente las simas C-19, C-23 y C-28.



Sima C-21 (Estrella y Jesús, instalación; Israel y Javi, desinstalación).



Explorada por Comando en 1993, establecimos su reexploración y documentación como objetivo prioritario por su gran boca, situada junto al Camino de los Madereros, y por su profundidad. Además de su potencial reequipación, era presumible la existencia de buena cantidad de basura en su interior, por lo que su limpieza figuraba también entre nuestros objetivos.



Sorprendentemente los dos viejos spit situados en la roca junto a la entrada, y dos más que constituyen la cabecera sobre la vertical, resultaron funcionales tras 20 años, si bien uno de los exteriores no permitía apretar completamente el tornillo, y terminó girando en el agujero cuando intentamos desinstalar la chapa, concluidos los trabajos del día. Dicho spit fue finalmente arrancado para evitar su utilización.




Ocurre en esta cavidad que la roca exterior es de tipo calcarenítico, compuestas por granos finos como de arena, y que resultan en general malas para la instalación de tacos de expansión. Para empezar la roca no suele cantar bien al ser golpeada con la maza, y cuando encontramos un lugar aparentemente mejor, los agujeros se embudan rápidamente, se rompe la roca alrededor del borde externo, y finalmente la expansión del taco no lo fija todo lo bien que sería deseable... no es raro que termine moviéndose dentro del agujero (girando). De este modo, aunque no resulta nada fácil extraerlo, no ofrece la seguridad que debiera.

Una primera conclusión que alcanzamos al llegar a la boca es que la cavidad actúa como sumidero. En efecto, las aguas que puntualmente discurren por el barranquillo del Camino de los Madereros acaban entrando en su boca, lo que se apreciaba claramente por los chorros de barro en una de las paredes de la entrada.



Este barranquillo o vaguada se mete en el pinar algunas decenas de metros sobre la boca, y en él donde se ubican también las simas C-28 y C-29. Confirmamos una vez más cómo muchas cavidades suelen relacionarse con las vaguadas y pequeñas depresiones que encontramos en el territorio, muy probablemente por la existencia de una mayor fracturación en esos lugares, lo que facilita tanto la erosión superficial como subterránea.

La sima consiste en dos pozos seguidos de 25 y 32 m respectivamente. El primero tan sólo requiere un desvío a un puente de roca a unos 12 m de profundidad y nos deja en una pequeña repisa donde no caben más de 3 personas.



La vista de la entrada durante el descenso hasta la repisa es verdaderamente hermosa, pues vemos las dos bocas contra el cielo y las paredes del pozo cubiertas de verdes mantos musgosos.



Es importante mencionar que unos 5-6 m antes de alcanzar la repisa hay una especie de tapón de barro, piedras y troncos incrustados, debiendo superarlo bajando entre estos últimos, con cuidado de no tocarlos pues podríamos desencadenar una lluvia de peligrosísimos restos sobre los compañeros por debajo. Es un punto muy crítico en el descenso y si la sima fuese frecuentemente visitada sin duda habría que plantearse limpiar ese punto anulando el peligro.



En esa repisa los instaladores comprobaron la existencia de un spit lateral desde el que se da paso a la cabecera del P 32, constituida por un único spit por lo que la utilización del primero es importante como reaseguro.

El spit de reaseguro también se mueve al apretar la chapa, y de hecho no pudimos recuperar esta última cuando se desinstaló la cavidad. Los exploradores intentaron meter un nuevo taco para reasegurar convenientemente este punto, pero no encontraron roca de calidad en ningún sitio, todo parece ser el mismo tipo de caliza arenosa de la entrada. Por fortuna el seguro principal sobre el P 32 sí es de calidad, y se procedió así al descenso, dejando gazas cortas en la repisa por si acaso.



La repisa estaba llena de restos de ramas, troncos y piedras sueltas, limpiándose a conciencia para evitar riesgos en el descenso. Entre ellos, semienterrados por barro, piedras y tierra, había chapas y otros fragmentos de metal que parecían ser el radiador de un vehículo o algo así, y que se dejaron apartados cuidadosamente para proceder más tarde a su extracción.



El segundo pozo es bastante llamativo, pues posee bastantes formaciones, destacando muy especialmente una espectacular colada casi cilíndrica y con aspecto de gigantesca estalagmita de aproximadamente un metro de diámetro, que nos acompaña durante unos 12 metros dejándonos ya en el vacío hasta alcanzar el fondo del pozo.





Esta gigantesca colada se representa en la topografía original como una estalagmita, pero realmente se conecta con la pared tras ella durante su descenso.




De su extremo caen abundantes chorreos, gruesas gotas que pasan a nuestro lado mientras descendemos. Precisamente por ello el piso del fondo está muy concrecionado y calcificado, incluidos los viejos maderos allí presentes, y los puntos donde los chorreos alcanzan el suelo presentan grupos de gruesas perlas de roca de buen tamaño, como huevos, de colores claros, incluso blancas. El conjunto posee gran interés, resultando verdaderamente hermoso.





A un lado hay un pequeño lago de aguas sucias, con fondo de un barro blando y oscuro que hace desaconsejable entrar al agua, pues podríamos quedar atrapados al hundirnos.



Por lo demás, el ensanchamiento paulatino del pozo desde su cabecera hasta el fondo, con la gran colada junto al espeleólogo que desciende, le otorga una estampa bastante espectacular.

Al salir el primer equipo retiraría parte de las chapas y trozos de metal de la repisa intermedia, y más tarde los desinstaladores sacaríamos todo lo demás. Una vez en el exterior, al tener sobre el terreno todas las piezas, ya secas y más limpias, pudimos identificar lo que habíamos “rescatado”, que resultó ser un calentador de agua.




Sima C-19 (Estrella y Jesús).

Sima de pequeñas dimensiones cuya boca mide 3 por 1,5 m, rodeada por pequeños árboles y arbustos.



El fondo se encuentra a escasos 3 m de la superficie y está formado por sedimento de roca y hojarasca. Para bajar se utiliza una cuerda anclada a un árbol cercano como apoyo.



La cavidad carece de formaciones y sus paredes presentan musgos y otros tipos de plantas. Toda la cueva presenta gran cantidad de mosquitos de pequeño tamaño.

En la parta más baja y en dirección Norte hay una posible continuidad, una pequeña gatera descendente de 1 m, en principio impenetrable pero que podría ampliarse desobstruyendo su suelo. Se observa que su continuidad avanza unos 3 m, ampliándose, y parece haber un resalte. Algunas piedras arrojadas indican que puede desfondarse unos pocos metros.



Se tomaron medidas dibujando un pequeño croquis para la elaboración de su topografía, que no existe en los informes del G. E. Comando.

Sima C-23 (Estrella y Jesús).



Sima de 13,8 m, existiendo topografía realizada por el G. E. Comando.



Fue reexplorada por Estrella y Jesús, utilizando la escala anclada a un pino cercano y una cuerda de apoyo. La entrada es una boca muy pequeña de unos 0,5 por 0,7 m, repleta de musgo y con miríadas de mosquitos volando.



En el descenso desaparece la flora y se manifiesta la roca, de muy mala calidad y empeorando conforme bajamos, hasta convertirse en una especie de arenisca. El descenso se presenta a modo escalonado salvo en su final, por lo que intentamos apoyarnos con mucho cuidado en suelos y paredes por el peligro de desprendimientos.



El fondo es una pequeña base en la que sólo caben dos personas y con el peligro de que cada uno que baja o sube fácilmente arrojará restos y piedras sobre el que esté abajo, y no hay donde resguardarse.

En la parte más baja se contemplan dos pequeños agujeros verticales. Se limpiaron de piedras comprobando que hay escasas posibilidades de continuidad debido a la gran cantidad de sedimento arenoso que presentan.




Sima C-28 (Israel y Javi).



Situada a corta distancia de la sima C-21 y casi junto a la boca de la C-29, en una pequeña vaguada dentro del pinar, continuidad de la que nos dirige a la C-21.



Utilizamos la escala anclada a un árbol cercano. La boca, extraordinariamente cubierta por mantos de musgo, da paso a un primer pozo de 7 m. En su fondo hay algunos bloques y restos de maderas, y en un lateral se abre un pequeño orificio tras el que se desfonda el segundo P 7.

Lo estrecho del paso, con una arista muy molesta que se clava justo en el esternón, la circunstancia de que sólo hay una pequeña repisa tras él, teniendo 7 m de caída, nos decidió a facilitar la entrada rompiendo los bordes agudos que se clavaban en el pecho.



Anclados a la escala superamos el paso, constatando que la pequeña repisa tras el mismo permite situarse muy cómodamente y con seguridad, pues se alcanza la pared de detrás con los pies.



Descendemos el segundo pozo con la misma escala, que alcanza fondo de sobra. Este segundo pozo posee algunas bonitas coladas amarillentas y algún otro espeleotema, sin llegar a ser espectaculares.



Abajo hay niveles de sedimentos más o menos cementados (calcificados), y precisamente la continuidad de la cavidad se hace bajo ellos, en forma de gatera.



Retiramos numerosos pequeños bloques y piedras del otro lado de la gatera (unos 2 m) puesto que allí es donde se aprecia un descenso con continuidad, y es precisamente donde la topografía original continúa hasta la máxima profundidad, a unos 15,5 m de profundidad. Evidentemente el paso de los años ha ido tapando la entrada con piedras hasta dejarla en el estado actual.

Prácticamente limpio, nos asomamos de cabeza y efectivamente hay continuidad. Al intentar Javi el paso, pies por delante, las aristas de algún bloque le impiden descender cómodamente, pensando en romperlas con la maza.



Lo intenta Israel y pasa como si nada, continúa alcanzando la chimenea final, que trepa con cuidado hasta casi 7 m, en contacto verbal con Javi. Finalmente comprobamos que no existe más continuidad, finalizando la reexploración de esta pequeña cavidad.


Domingo 6 de julio

Ayer por la tarde aprovechamos las últimas luces para ir a echar unvistazo a las entradas de las simas cercanas al refugio de la Sima de Alcorón, que tenemos intención de reexplorar próximamente.



Ya el domingo, tras pernoctar en el refugio, decidimos dedicarnos todos a reequipar y reexplorar la sima del Cruce, también llamada del Mojón o M-10.

Sima del Cruce (del Mojón o M-10)

De esta sima, de espectacular entrada, cabe decir en primer lugar que tenemos la duda de que pueda tratarse también de la sima del Camponcillo.


La sima del Camponcillo se cita en el Catálogo de Cavidades de Guadalajara, donde sólo se anota: “Se trata de un único pozo de una profundidad aproximada de 50 m”, sin proporcionar topografía. Cuando, en 1993, el G. E. Abismo reexploró por primera vez la cavidad que ahora tratamos (Cruce, Mojón o M-10), fue un lugareño de Villanueva de Alcorón el que nos llevó a su boca, pero nos indicó que aquella era la sima del Camponcillo.

Viendo la toponimia del territorio, existe el topónimo Sima del Camponcillo y parece lógico pensar que la sima estará situada allí o en sus cercanías, pero el topónimo se sitúa hacia el límite del término entre Villanueva y Zaorejas, aproximadamente un kilómetro más allá de la sima estudiada.

Lo que sí está claro es que el croquis levantado en 1993 y la topografía parcial acabada en esta ocasión coinciden lo suficiente, aunque hay discrepancias sensibles, con la topografía de la sima del Mojón (Cruce, M-10) que se presenta en el Catálogo.




La duda que se plantea es si la sima del Camponcillo es la misma sima del Cruce, o si aquel lugareño se equivocó y realmente existe una sima del Camponcillo en las cercanías, más hacia Zaorejas.

Estas dudas sólo podremos resolverlas hablando con las gentes de los pueblos del entorno, quienes con seguridad conocerán las cavidades, y cuando acabemos las prospecciones en toda esa parte de la zona, pues por fuerza cualquier otra sima con características similares será localizada.

Para la reexploración partíamos de la información disponible de aquella primera incursión de 1993. El informe y croquis levantado entonces dejaba muy claras las posibilidades que había en la cavidad, con desarrollos adicionales a los que presenta la topografía publicada en el Catálogo.

Alcanzada la boca con todo el material, incluida la cuerda dinámica por si acometíamos la escalada de una ventana, nos organizamos para la instalación.

La boca de la sima, de dimensiones espectaculares para lo que es la zona, una grieta de 22 m de longitud con anchuras comprendidas entre 2 y 5 m, aunque se desfonda finalmente en una boca de 6-7 x 3-5 m y que da paso a un pozo de 31 m. Dicho pozo comienza a alargarse en una larga diaclasa a partir de los 15 m de profundidad, más o menos 10-12 m bajo la cabecera, perdiéndose de vista lateralmente debido al contorno sinuoso de la grieta, pero apreciándose en algunos puntos sus techos constituidos por gigantescos bloques empotrados.



Optamos por la instalación clásica, que reasegura a un gran pino sobre la entrada, y utiliza otro pino para bajar por la rampa hasta la cabecera ya sobre la vertical del P 31.



Los tacos preexistentes (de 1993 o anteriores) están prácticamente inservibles, sólo el espárrago de un parabolt puesto más recientemente ofrece garantías. La cabecera original está en un gigantesco bloque empotrado sobre la vertical, pero sus tacos están muy deteriorados y cubiertos de musgo y tierra, por lo que optamos por el parabolt y lo utilizamos como seguro principal, sabiendo que habrá roces en el descenso y habrá que burilar e instalar nuevos spit, si no encontramos otra instalación.



Efectivamente, unos 7 m bajo la cabecera es necesario equipar por existir roce, y también más abajo, a unos 20 m bajo el parabolt.



Aquí es donde comprobamos que la calidad de la roca es pésima, blanda y arenosa, similar a lo ya comentado en el caso de la sima C-21. Basta decir que el sonido al golpearla no resulta satisfactorio en casi ningún sitio, no canta como lo haría la roca firme y compacta.
El primer lugar elegido para instalar un nuevo spit, aparente mente el mejor de su entorno, resultó en un taco que gira e incluso parece moverse lateralmente, inservible. Se instaló un segundo más abajo que parece trabajar mejor, utilizándolo para el descenso.





Más abajo, en el segundo fraccionamiento (20 m bajo cabecera), un tercer taco parecía trabajar bien, pero comprobamos al desmontar que se había salido dos mm de su posición, lo cual es más que significativo y lo convierte en un peligro.

Concluimos que habrá que rehacer la instalación, intentaremos montar parabolt profundos, sin forzarlos, y preferiblemente por pares duplicando cada fraccionamiento.

Hacemos fondo en la vertical del pozo, un gran cono de derrubios y basuras diversas, aproximadamente a 40 m bajo la superficie. La gran fractura que constituye la cavidad se continúa descendiendo en sentidos opuestos, al este y oeste.



Al oeste alcanzamos rápidamente dos resaltes de 3,5 y 2,3 m, representados en la topografía del Catálogo (EPE-ETSII, 1975) como de 4 y 2 m respectivamente. Se trepan bastante bien, aunque viene bien una cuerda de apoyo en el primero y el segundo ha de franquearse superándolo en altitud buscando su ensanchamiento, dada su estrechez (0,2 a 0,3 m en su parte inferior).



Finalmente nos topamos con la roca, pero se aprecia una ventana a unos 6,3 m, a la que podría treparse con relativa facilidad a oposición. Suponemos que esa ventana corresponderá con el resalte de 3 m (?) que se indica en la topografía original, tras la que ha de existir un P 5 y algunos metros de continuidad, pero esto queda pendiente para la próxima exploración.



En sentido opuesto, hacia el este, encontramos rápidamente un caos de bloques donde teóricamente acaba la cavidad de acuerdo con el plano original. Sin embargo, se pasa sin problema bajo los bloques, pudiendo descender algunos metros más aunque con peligro, pues algunos se mueven. De modo parecido también hay continuidad en forma de gatera entre ellos, con continuidad aparente pero igualmente peligrosa, y que habrá que valorar con mucha delicadeza.


También se aprecia continuidad clara de la grieta por encima del gran derrumbamiento de bloques, aparentemente fácil de trepar (resalte de unos 5 m), y que pudimos estimar en bastantes metros tras la trepada.



Es destacable que en la topografía original esa parte de la cavidad se da por acabada en el caos de bloques, sin anotar ni dibujar nada sobre posibles continuidades sobre y bajo los bloques.
Por lo tanto, esta sima queda pendiente de acabar tanto en la ventana existente en su extremo oeste como en el caos de bloques del otro lado.

Finalmente, procedimos a la retirada de los restos y basuras existentes en el fondo, extrayendo una decena de sacos cargados de hierros, plásticos, latas y restos diversos, dejando limpio el fondo.




Comprobamos finalmente que la mayor parte de la chatarra se correspondía con los restos de una cocina de gas que al ser arrojada a la sima quedó completamente desguazada. Los compañeros ya se plantean si con la próxima exploración iremos ya completando la cocina, posiblemente con algún frigorífico o lavadora...

Destaca también la presencia en el fondo de gran cantidad de huesos, principalmente de ganado. Concretamente pudimos contar más de 20 cráneos de oveja, todos ellos característicamente trepanados en la frente. Evidentemente en algún momento del pasado la cavidad fue utilizada para deshacerse de los cadáveres tras ser sacrificados.



Algunos comentarios y conclusiones

En fin, considero la salida como muy fructífera desde el punto de vista del trabajo que venimos realizando en la zona. Poco a poco vamos avanzando, revisando pequeños fragmentos del territorio en los que van apareciendo nuevas cavidades, y reexplorando otras simas conocidas que quedan ahora mejor documentadas.

Se van perfilando objetivos concretos a cumplir y trabajos pendientes a terminar, y en breve comenzaremos a colgar en la web de Abismo fichas descriptivas de cavidades y sus planos topográficos, iniciando ya la fase de difusión de resultados de nuestro proyecto de trabajo espeleológico en el Alto Tajo.

Pero el territorio es amplio y larga la lista de cavidades a trabajar, por lo que tenemos muchos años de trabajos por delante en esta nuestra zona entre los términos de Peñalén, Villanueva y Zaorejas, allá en el Alto Tajo...

Gracias a todos por vuestro ánimo e implicación, que es lo que hace que este proyecto siga adelante.

Javier Rejos