miércoles, 31 de julio de 2013

Cascadas del nacimiento del Duratón

Mil veces pasé por la autovía y mil veces miré hacia aquella cascada que asomaba al Este de Somosierra.  Por allí, decían, se encontraba el nacimiento del río Duratón, el insigne río segoviano-pucelano, el río de las famosas hoces embalsadas.

El día anterior, algunos habíamos pasado una jornada genial en Sigüenza con eso del asalto al castillo. Pero queríamos más. Así que nuestra barranquista de pro, Montse, había organizado una salida fulminante para hacer las cascadas del nacimiento del Duratón para el día siguiente.  En esta ocasión nos acompañarían Irene y Peter del  GAEM.


Yo que conseguí  un neopreno in-extremis (gracias Manu!), pude apuntarme y volver hacer una actividad de la que no se tenía noticia desde 2009.
Preparados con el habitual look prebarranco, tiramos para arriba con un calor de aúpa dadas la horas que eran (entorno a las 17h). Nos metimos un buen desnivel de aproximación (parece que tomamos un sendero directo que linda con el escarpe rocoso en vez de hacerlo por otro más pausado).
Ale, tos’pa’rriba

Una vez embutidos en los neoprenos (alguno se lo puso al revés, vaya tela!), comenzamos a mojar nuestros cuerpos en la primera pocilla. Los primeros metros transcurren entre una sauceda cerrada que obliga abandonar el río en algún que otro tramo. Ya pronto nos plantamos en la zona rocosa del barranco, donde una sucesión de pequeños resaltes y pequeños toboganes  te acercan al primero de los grandes rápeles. En uno de los resaltes, de 2 m, se hizo complicadillo deshacer el rápel con el agua fuerte, pero esto nos sirvió de recuerdo alguno sobre la técnica. Toño se atrevió con algún salto, pero las profundidades no lo recomendaban en casi ninguno de ellos. Por cierto, algunos, los que llevaban sólo 3 mm ya empezaban a tener frío.

El primer chorrazo
A ver, a ver, ala! qué alto!
Y por fin estábamos en el momento estrella de la jornada, rápel de 29 m. Aquí sí que nos dimos cuenta que el  barranco venía con agua (muy buen año sin duda). Un pasamanos te acerca al rápel, que fue convenientemente  instalado por Montse. Así que sucesiva y lentamente (éramos un grupo demasiado grande) fuimos descendiendo la espectacular cascada. En mi caso, era la primera vez que me metía debajo de un chorrazo de tales proporciones. Y en efecto, hay que ir  vivo y no dejar de correr el rápel ni un momento, y así salir rápido de la cascada si no quieres agobios. Todos tuvimos nuestro resbalón de turno (que se lo digan a Peter). Sorprendente y sui generi fue la bajada de Toño.

Sergio en el gran rápel
Irene en el gran rápel
Nacho en el gran rápel

Esperando a Montse abajo del gran rápel
Montse en la parte media del gran rápel
Disfrutado el gran rápel, fuimos a por el tobogán del barranco que empalma con el último rápel, el de 23 m. Allí todo bajamos más o menos a trompicones hasta que Rebeca se lanzó y nos sorprendió con la velocidad y el salto de varios metros con el que salió disparada al final del tobogán. Montse y yo, que esperábamos en la poza final, recibimos el impacto pero  al menos ayudamos a Rebeca a frenar a tiempo (cuidado con este tobogán, hay que asegurarse bien!).
El tobogán
Recuperados de las risas y del susto del tobogán, fuimos la mayoría a por el último rápel (algunos huyeron en este punto!). Disfrutón igualmente resultó, con menos agua sobre tu rápel (más evitable) pero con un pequeño desplome que es difícil superar sin resbalar un poco.

Cascada del rapel de 23m

Dani, en ese rápel final
Allá abajo nos esperaban Paco Q, Mila y Nero. Enseguida nos plantamos de nuevo en los coches, ya casi de noche, donde pudimos adquirir unas cervezas piratas.
En definitiva, un fin de semana muy divertido, acompañados de buena gente. A ver si se puede repetir un barranco prontamente.

Referencias
https://www.facebook.com/picoseuropa.aventura/media_set?set=a.465318160218459.1073741829.100002208377107&type=1

Fotografía: Paco Q, Irene y Mila
Video: Paco Q