lunes, 28 de abril de 2014

Cueva del Orón

FECHA: 19 de abril de 2014.
COMPONENTES: Montse e Israel. Día anterior: Marta, Arturo, Sergio, Estrella y Rebeca. Espero no dejarme alguno.
SITUACIÓN: Cartagena (Murcia) Datum WGS84 37.539937, -1.136735
DESARROLLO: 1.500 metros

El sábado de Semana Santa nos propusimos visitar la cueva del Orón en Cartagena. El día anterior los compañeros habían entrado en la misma cueva, nos comentaron que tardaron unas horas en encontrar la boca y que iban escasos de agua, eso nos hizo tomar precauciones a la hora de llevar agua de sobra ya que la aproximación se encontraba en un barranco a pleno sol. Por suerte yo iba con Montse que ya se sabía el camino. El día anterior los compañeros lo tuvieron que pasar realmente mal por la deshidratación, no paramos de pensar en todo el día como lo pasarían.

Salimos de Fortuna sobre las 9:30 y llegamos al aparcamiento en la montaña sobre las 11:00 de la mañana, allí nos encontramos a un amigo de Montse que se encontraba haciendo una rutilla a pie y de haber tenido equipo se hubiera apuntado a la aventura (¡qué casualidad!). Tras coger el equipo llegamos arriba de la montaña para disponernos a bajar buscando la cuerda que daba acceso al descenso a la cueva. Estábamos algo desorientados pero el arco de roca que se encuentra en el mar nos daba una buena referencia. No cogimos bien el sendero que da a la cuerda y eso nos hizo andar y cansarnos un poco más pero al final encontramos la cuerda casi del tirón. Poco sol y una buena guía hicieron que la aproximación se hiciera amena y casi divertida.

Tras encontrar la cuerda nos pusimos a descender. Suerte que los compis del día anterior nos dejaron todo instalado. Un descenso, pasamanos (foto de arriba) y el temido volado que baja a la entrada. Un volado que me hizo pensar si yo valía para esto de la espeleología jaja.
A las 14:00 estábamos entrando en la cueva y en la boca de entrada dejamos los aparatos. Nos dijeron que las gateras tenían una palita para ir quitando las piedrecitas que iban cayendo de la pared, así que los primeros pasos íbamos buscando las palas y efectivamente ahí estaban a la entrada de las tres primeras gateras, un poco incómodas pero accesibles. Gateras de piedrecitas que te iban rasgando los codos y las rodillas. En toda la cueva habría montones de ellas que hacían que te cansaras bastante al ir pasando de una a otra, de una a otra…

La cueva estaba repleta de hitos que nos iban marcando el camino sin problemas. En toda la cueva habrá como 100 hitos o más que te van indicando el camino. Algunos daban lugar a duda pero la verdad que íbamos casi a tiro hecho. De repente nos sorprendió una zona balizada que daba a una galería de excéntricas que te dejaban con la boca abierta, increíble no parar de hacer fotos y de alucinar con esa sala espectacular.

Costó seguir para delante y dejar esa galería atrás. Estábamos cada vez más cansados ya que las gateras suponían mucho esfuerzo y los codos y rodillas se iban resintiendo. Gatera a gatera íbamos recorriendo la cueva buscando el primer lago hasta que llegamos a uno pequeño en el camino. Nos pusimos contentos porque pensábamos que ya estábamos cerca del sifón que daba acceso al mar. La verdad que de tanta gatera ya estábamos algo cansados pero no íbamos a irnos sin ver el sol entrando por el agua de la cueva.
Seguimos un poco más y nos encontramos otro lago, pero estábamos en la cueva por lo que era imposible que ese fuera el segundo lago, así que seguimos buscando hasta que dimos con un paso por el que seguía nuestro camino. Pasamos un laminador y pensando que no lograríamos encontrar el p… lago llegamos a una cadena que subía. Era el punto en el que yo personalmente pensé que si no estaba ahí nos dábamos la vuelta, ya que pensamos que los lagos eran los que habíamos visto antes.

Así que subimos y nos apareció una gran galería y un sonido atronador de las olas chocando contra el acantilado (¡subidóóóón!). Por fin habíamos llegado a lo que pensábamos era el lago del sifón. Aunque no veíamos la luz exterior, pensamos que era por la posición del sol. Montse empezó a desnudarse sin pensárselo y a bañarse en el lago. Yo la decía que la iba a salir un mounstro prehistórico y se la iba a comer de un bocado, pero ella como si nada se pegó un chapuzón en el lago. 

Montse estuvo un rato en el agua y yo me metí nada más que para la foto ya que estaba un poco acojonadillo. A posteriori nos enteramos que para llegar a la zona del sifón había que cruzar ese lago a nado y pasar unos bloques, una pena no haberlo visto, hay que volver otra vez con el flotador de cocodrilo. Tras comer y beber algo, nos dispusimos a salir rápidamente de la cueva sin ningún problema y nos fuimos a tomar unas cañitas merecidas con los compis en Fortuna.
Israel Camacho