miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sopladoras - Cueva del Agua

16 de agosto de 2013
Nos levantamos temprano para hacer la cueva, aunque terminamos saliendo ya un poco tarde.
A eso de las 9 de la mañana, Diana, Miguel, Ángel, Toño y la que escribe (Estrella), salimos camino de la boca de sopladoras.
Desde el mismo albergue de Coventosa realizas la aproximación, vas por la carretera para coger el primer caminito que sale a mano derecha y cruzar el río (no hay perros). Luego sigues caminando a la verita del río por los caminillos que van saliendo. De momento caminas en llano y es bastante cómodo. El camino sigue en dirección a las casucas. Donde antes de llegar a ellas nos encontramos con compañía.
Una vez pasadas las casucas comienzas  a subir en dirección a la cascada (que encuéntrala con esta calor y sin apenas agua), con un poco de imaginación, leyendo la aproximación en la topo y los consejos que Miguel había recibido la noche anterior… Dimos con el camino correcto.
Aunque la subida comenzaba a hacerse sentir, un poco de cháchara y alguna que otra anécdota ayudaban a llevarla de manera amena.
Llega un cruce de caminos y seguro lo que se dice seguro….
Pues no está nadie. Miguel que es nuestro guía, sólo se acuerda de los hitos que se van pasando, tanto fuera como dentro de la cueva. 
Según nos vamos acercando a la cascada nos surge la duda de si ésta llevará agua, pues todo anda un poco seco. Y habiendo llevado una botella vacía para llenarla en esta no queremos arriesgar, por lo que aprovechamos lo primero que encontramos. No sabemos qué tipo de agua será, pero al menos no es mineral.
Y a los cinco minutos, tras un buen rato que costó llenarla y algún bicho en la botella, resulta que la cascada sí lleva agua. Vaciamos y volvemos a coger agua, esta vez algo más seguros de que es agua buena.
Mientras unos llenan otros preferimos quedarnos en la sombra que aún queda un trocillo para llegar, no sabemos cuánto… y hace mucho calor.
Seguimos andando y Miguel mira de pronto a un lado y se encuentra la boca de la cueva. Menos mal que le da por mirar, que si no a saber dónde acabamos. Pero ya estamos aquí.
Estamos en la primera cueva que vamos a hacer en este puente!!!! Y no pinta mal
Poco a poco y ayudados por una cuerda instalada en fijo subimos todos a la boca de la cueva. Comienza la aventura interior.
En principio es una cueva tranquila, comenzamos andando y sin muchas apreturas, poco a poco nos irá dando algo más. Pero sin hacer grandes excesos. De guía llevamos a Miguel. Aquí es importante decir que hay un primer desvío a la derecha que marca la topografía, pero antes de este desvío en la cueva hay otro desvío no marcado en la topo, este está con muuuucho agua, no hay que pasar por allí, aunque parezca que sí, seguir los hitos que van a buen lugar.
En algún tramo se nos presentan gateras, bastante cortas y de paso fácil. Las solventamos con alegría.
Llega el primer paso con cuerda y cada uno se las apaña como puede. Es una pequeña bajada de unos cuatro metros. Nada que Toño no pueda hacer sin aparatos. Diana se decidirá por hacerlo con el “stop”, mientras que otros decidimos hacernos un dinámico. Una bajada y una variedad de formas, para que luego no digan que no  hay recursos.
Algunos bloques nos van haciendo dudar si por arriba o por abajo, pero ya está nuestro guía que tras un poco de memoria es capaz de acertar con el camino correcto.
Después de andar otro rato, llegamos a un nuevo rapel en el que continuamos con la disparidad de modos de bajarlo. Esta vez Toño es más precavido y también utiliza el dinámico. Es una bajada un poco más complicada que el pozo anterior.
Nuevamente llegamos a una gatera, esta vez más estrecha. Antes de pasar hay que preguntar si de verdad hay que meterse por ese agujerillo.
Y sí, hay que ir por ahí dentro. Pero cuando la pasemos saldremos a una sala amplia donde podremos estar de pie sin problema alguno.
Poco a poco nos estamos acercando a la zona del agua, pufff qué pereza mojarse.
Que por aquí, que por allí, que este hito me suena que este no, que mejor se consulta la topo que para eso la llevamos. Nos situamos en el norte y hasta que no llegue a otro hito no estaremos seguros de si sí o si no. Menos mal que Ángel también la conocía
Nos volvemos a poner en marcha y nos quedan nuevos pasos estrechos, en los que podemos gatear tranquilamente.
Alguna bajada de bloques en los que no hay cuerda, pero para eso están ellos. Para echar una mano donde haga falta. Sin pudor alguno
Y nos plantamos ante el último rapel antes de llegar a la zona de agua. Comenzamos a mojarnos.
Nos encontramos con un pasamanos que salva un buen charquito de agua, por llamarlo de algún modo. El caso es que después de ver a Miguel cómo se le meten los pinrrelillos en el agua, pues el resto procuramos apañárnosla del mejor modo para no mojarnos. Aunque ello signifique espatarrarse completamente.
A continuación hay un nuevo paso de agua con una pequeña poza, en el cual Toño se nos cae provocando algo de susto. La verdad es que se escuchó un golpetazo con el casco… Miguel se da el paso muy bien, Diana decide mojarse, Ángel como es grande tampoco tiene problema y yo soy la que mejor lo paso, me dejo caer un poco y Miguel me engancha del mono y me pasa al otro lado colgada de su brazo. No ayuda mucho o nada el que me entre la risa. A poco terminamos los dos en el agua.
Pasada la zona de agua, aún nos queda algún pequeño destrepe, en los que nos agarramos a la roca como si nos la quisiésemos llevar a casa.
Y por fin llegamos a un buen lugar para hacer una paradita imprescindible para reponer un poco de energías. Aunque los hay que ni comemos ni bebemos nunca, vivimos del aire.
Ya nos queda poco para llegar a la salida, pero antes debemos salvar este último paso en el que te debes encajar como buenamente puedes para terminar saltándolo por encima.
Y tras un ratejo andando ya en buenas condiciones a lo lejos…
Comenzamos a vislumbrar la luz.
Después de unas cinco horas salimos todos felices y contentos.
Pedazo de vistas que nos encontramos en la salida. Eso sí, no cojáis demasiada carrerilla en la salida que hay una buena caída.
Ya sólo nos queda una buena bajada por hierba húmeda, bosque y demás. Cosa que nos tomamos con tranquilidad y con algunas risas. En algunos momentos aprovechamos la pendiente para montar en tobogán. Una buena bajada que, por lo menos a mí, causa un gran estrago en la pierna.
Una vez bajada toda la pendiente y ya en terreno más firme, descubrimos que no todos llegan como quisieran.
Después de la jornada en una horita estamos duchándonos y reponiéndonos con unas cerves.


Estrella Gonzalez